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"El mismo papa Francisco así lo delata, lamenta y condena"
Sin referirme en esta ocasión al sustantivo masculino de “la masa de harina y de agua que, una vez fermentada y cocida al horno, sirve de alimento”, ni tampoco al “padrenuestro”, me conformo con emplear “pan” como prefijo o “elemento compositivo que significa “totalidad”. “Pan” es, y será todavía “todo” -casi todo- en esta reflexión, con explícita mención para el término “sexualidad” o “conjunto de características anatómicas, fisiológicas y psicológicas propias de cada sexo o de cada persona”.
Y hay que adelantar ya, y con santa urgencia, de qué modo y manera destaca en los titulares de los medios de comunicación social, noticias relacionadas con la Iglesia y la sexualidad en la impensable pluralidad de versiones. Apenas si hay día, ni medio de información, en el que la sexualidad no se haga presente revestida de hábitos eclesiásticos -talares o semi talares, por llegar hasta los mismos talones, en conformidad con la etimología de la palabra. El hecho de la generalización informativa de la relación sexualidad-institución eclesiástica es incuestionable. Habría que carecer de sensibilidad y de modos y maneras de comunicación en la colectividad para no tener conciencia de esta realidad.
¿Pero todo eso es verdad? Mayoritariamente sí que lo es, aun cuando algunos intenten desmentirlo o pretendan explicarlo, sin llegar a disculparlos con sobre dosis de misericordia.
La Iglesia se hace presente en la vida, con desdichada, deshonrada y bochornosa frecuencia, como pan-sexualizada. Descender aquí y ahora a noticias que reflejen actos concretos, con documentación y dictados de sentencias judiciales firmes e inapelables, es tarea ingrata, además de ociosa, dado que con tales hechos malvivieron multitud de víctimas en sus propios cuerpos y almas, al igual que sus respectivos familiares y amigos.
"La Iglesia se hace presente en la vida, con desdichada, deshonrada y bochornosa frecuencia, como pan-sexualizada"
Sí, y por supuesto, la Iglesia-gran parte de ella- será y seguirá llamándose “nuestra, santa y madre”, además de “católica y apostólica, constructora de felicidad y de convivencia, de modo muy especial por haber sido y ser depositaria fiel el Evangelio, y no pocos de sus miembros serán sal que impide la corrupción que se sigue haciendo presente de alguna manera con ornamentos sagrados, desacralizados y hasta malditos.
Pero es que en las periferias… Precisamente es en las periferias, de por sí pobres, santas y sacralizadas según el Evangelio, es donde el registro de la “pan-sexualidad” se da y se percibe con menor asiduidad , dándose la impresión de que tan nefasto y denigrante diagnóstico se avecinda y domicilia mucho más en las Curias, entre el Alto y Bajo Clero , en los colegios de religiosos y religiosas, noviciados, seminarios, Órdenes y Congregaciones y otros estamentos tenidos y considerados canónicamente como “sagrados”. Aquello de “corruptio optimi…”, es y entraña la peor y más innoble de las corrupciones, que se hace demoledoramente activa en el organigrama oficial eclesiástico.
La 'pan-sexualidad' se avecinda y domicilia mucho más en las Curias, entre el Alto y Bajo Clero , en los colegios de religiosos y religiosas, noviciados, seminarios, Órdenes y Congregaciones y otros estamentos tenidos y considerados canónicamente como 'sagrados'”
La consideración de “pan-sexual” llega a caracterizar a la Iglesia de modo alarmante. El mismo papa Francisco así lo delata, lamenta y condena sin excusas ni pretextos, precisamente por ser la misericordia su lema y estilo de vida pastoral, teológica y enraizada en la Biblia.
Comenzando por los obispos, con el silencio tímido, cómplice y absurdamente respetuoso de algunos papas, el pansexualismo irrumpió y prosigue todavía su marcha por caminos de Iglesia. Aún más hoy, a muchos “cristianos de toda la vida” les sigue resultando más cómodo y hasta más “religioso” y santo, negar la realidad de los hechos, que asumir lo que otros y ellos mismos no denunciaron a su tiempo, sabiéndolo y padeciéndolo en sus propias carnes, y todo esto “por el bien de la sociedad y el buen nombre de la Iglesia”.
Hipocresía e Iglesia establecieron coyundas indisolubles en su historia larga e indecente. Los lazos fueron más fuertes, precisamente en las áreas del maldito pansexualismo.
Con conciencia de la realidad de los hechos, de las consecuencias perversas para la institución eclesiástica y sus miembros no cabe más solución que la de abrir de par en par las puertas de los secretismos “impíos y blasfemos”, airearlos, llamar a personas y cosas por sus propios nombres, cargos y apellidos y dejarse de comportamientos protocolarios y hasta canónicos. La Iglesia no está para estas monsergas en los tiempos teresianamente ”recios” en los que se malvive también respecto a la sexualidad.
"Con conciencia de la realidad de los hechos, de las consecuencias perversas para la institución eclesiástica y sus miembros no cabe más solución que la de abrir de par en par las puertas de los secretismos 'impíos y blasfemos'"
En tal asignatura y concepción integral de la vida, hasta tiempos recientes, los únicos e infalibles “gurús” en materias relacionadas con la sexualidad, eran y son los curas y los obispos con sus asesores y teólogos, partiendo todos ellos de los fundamentos que decían ser bíblicos, de que todo era pecado, grave además por no caber en su definición catequística la calificación de “materia leve”.
¿Obispos y curas expertos en sexualidad? Nada de nada, y así ha pasado y pasa todo lo que lamentamos, con la firme esperanza de que la sinodal irrupción del laicado -ellos y ellas- ayude al papa Francisco a “poner las cosas en su punto”.
La Iglesia es bastante más-y bastante menos- que SEXUALIDAD, tanto si esta es de las “malas”, como de la “otra”
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