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Extremadura no puede aguantar un año más al arzobispo de Toledo presidiendo la misa solemne del Día de Extremadura
Hace precisamente un año que en alguna curia de la Provincia Eclesiástica de Extremadura y en cenáculos críticos de seglares -ellos y ellas- con sentido sinodal, se cabildeó con cierta insistencia acerca de la conveniencia de sugerirles a sus respectivos obispos su no asistencia y participación personal en la Misa solemne del “Día de Extremadura”, patrona de la archidiócesis, celebrada en su santuario.
Por lo visto y comprobado, no hubo “quórum” en esta ocasión y los obispos de las tres diócesis “hermanas” - Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia- hubieron de acolitear al arzobispo ex primado de las Españas, con residencia en Toledo, capital de Castilla-La Mancha, quien también pastorea Guadalupe -Puebla, monasterio y santuario –“Patrimonio de la Humanidad”-, además de hacerlo con una treintena de parroquias coincidentes con la región extremeña, también Comunidad Autónoma, según refiere y decidió la Constitución Española que nos rige.
La semi gestada idea de la simbólica huelga de báculos y mitras, con el fin de llamar la atención de “quienes corresponda” en los diversos niveles de la jerarquía eclesiástica, se volvió a frustrar, pese a las buenas intenciones del papa Francisco, a quien le llegaron ya las quejas para poner orden y arreglar de una santa vez, una de las más extrañas y raras situaciones canónicas que perduran en la Iglesia, y cuya explicación, o es inexistente o entraña misterios pingües y rentables.
¿Pero cómo es posible que la Virgen, en plena comarca extremeña de las Villuercas - “conjunto de crestas y valles”, y “espacio natural protegido“, de la provincia de Cáceres,- , invocada secularmente con el sobrenombre de Guadalupe –“·rio del lobo” según unos ,y “ río escondido”, según otros-, signo y símbolo de extremeñismo, pertenezca y dependa con todas sus consecuencias administrativas “divinas y humanas” –(léase económicas) de otra diócesis foránea, en este caso Toledo, la de los todopoderosos Cardenales Primados, feudales, “terceros reyes de España” , otrora fervientes guerreros y generosamente fecundos, en tiempos de Los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, o Isabel y Fernando, al margen de prescripciones canónicas y “por ser Vos quienes sois”?
¿Pero cómo es posible que la Virgen, en plena comarca extremeña de las Villuercas pertenezca y dependa con todas sus consecuencias administrativas “divinas y humanas” –(léase económicas) de otra diócesis foránea, en este caso Toledo?
Extremadura, de la que es y ejerce civil y eclesiásticamente como Patrona Nuestra Señora de Guadalupe, con su acentuada proyección hispanoamericana, no puede aguantar un año más, y sin perspectivas de cambio, que el señor arzobispo de Toledo no crea necesario, y obstaculice con toda la batería de cánones y anatemas, y siga siendo y actuando como celebrante principal, revestido con los ornamentos más valiosos depositados en los ricos museos del monasterio guadalupano.
Los nuevos tiempos políticos y presumiblemente eclesiásticos, que se avecinan en Extremadura, a excepción de los que podría facilitar el AVE, con su bochornosa historia de frustraciones y peligros viarios, parecen llamar, esta vez inexcusablemente, a las puertas de la sensibilidad y acelerar la unificación político- religiosa que demanda Extremadura. Ella abochorna a propios y a extraños y más comprobando y “justificando” con datos fiables y aún oficiales, que esta región posee en propiedad el “privilegio” de ocupar los últimos lugares que pudieran definir el llamado desarrollo integral.
¿Hará alguna alusión el arzobispo toledano en su homilía litúrgica del presente año a estas nuevas y sinodales situaciones, de tanto y tan devoto interés? ¿Se limitará “prudentemente” a seguir el esquema, y aún las mismas palabras y silencios, de años anteriores, dado que “las cosas son como son” y sanseacabó?
Por ser y celebrarse el Día Oficial de Extremadura, con asistencia de las autoridades “políticas, militares y religiosas”, ¿se sentirán cómodos los inscritos en creencias distintas de la “católica, apostólica y romana? ¿Merece ya consideración y reconocimiento “oficial” el hecho -bastante más que “proyecto”, del extra-extremeño y grandioso “Buda”, colosal referencia en el culto y cultura de un futuro “pastoral” no demasiadamente lejano?
¿Para cuándo en la terna de obispos diocesanos extremeños no cabrá el nombre, -de nacencia y ejercicio-, de algún sacerdote “castúo”, al que no le resulte incomprensible tener que seguir aceptando una situación canónica ciertamente rara y excepcional?
NOTA. Aunque el tema de las “campeonas del mundo” fraguado y celebrado durante los últimos días no tenga connotación especial en Extremadura, sino en España en general, aprovecho esta ocasión para sugerirle a la CEE. que tal vez se esté a tiempo para con-celebrar la alegría, que supone y significa un honroso y cristiano paso más en la erradicación de discriminaciones femeninas que padece la Iglesia. Esta, al igual que otras instituciones educadoras de tiempos pasados, hasta prohibió jugar al futbol a las chicas, “por ser cosa de hombres” y, sobre todo, por “razones pudibundas”. (Lo del beso “sub”,”infra” y “meta” deportivo, lo dejamos para otra ocasión)
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