Tres purpurados electores y diez no electores
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Carta abierta de Antoni Ferret en respuesta al cardenal Sarah
Apreciado monseñor:
Comprendo y me apenan sus sentimientos, expresados en su charla de Madrid. Incluso le expreso que, en pequeña parte, los comparto. Sin embargo, le rogaría muy encarecidamente que atendiera a mis razones, que procuraré exponerle de forma muy breve.
Sociedad laicista. Es verdad. NO es totalmente como sería deseable. No obstante, me atrevo a decir que, gracias a los esfuerzos y a la lucha en buena parte de las personas laicistas, nuestra sociedad de hoy es "menos" antihumana y anticristiana que no lo fuera en otros tiempos, incluso cercanos. Ejemplos: 1) En el respeto a la libertad de las personas para aceptar creencias y/o tipos de vida que antaño habían sido más o menos impuestos. 2) En la lucha por la solidaridad para con las personas necesitadas, que siempre habían sido atendidas por parte de algunas personas e instituciones cristianas, pero casi nunca por parte de todo el cuerpo de la comunidad cristiana.
Una sociedad sin Dios. La expresión, monseñor, se puede y se debe entender de dos maneras: 1) Sociedad alejada de los principios, los mandatos, los deseos, de Dios. También diría que nuestra sociedad está por desgracia muy alejada de ello, pero quizás no tanto como estuviera en otras épocas. Y a menudo con culpa de personas e instituciones formalmente cristianas. Recuerde: obispos y abades feudales, eclesiásticos responsables de la terrible Inquisición, instituciones negadoras del progreso de la ciencia, complicidades con regímenes criminales, como ejemplos de una larga lista que necesitaría mucho papel. Monseñor: la sociedad sin Dios ha sido la norma de la Historia. 2) Sociedad sin uso del nombre, o la palabra "Dios". Se lo digo de corazón, monseñor: la palabra Dios se ha usado en el pasado millones de veces, y millones de veces de forma vacía, incluso millones de veces de forma interesada, para "cubrir" o bien para "justificar" cosas indebidas. Bien sinceramente: cuando expreso a mis lectores/as conceptos cristianos, procuro ahorrar la palabra Dios y sustituirla con sinónimos. La palabra, por mucha desgracia, suscita en mucha gente la idea de "más de lo mismo".
Homosexualidad. La Naturaleza, en su evolución, comprende excepcionalmente puntos críticos, que producen inesperados cambios. Ello ocurre en los vegetales, los animales... y también en las personas. Nadie tiene la culpa de nada. Ocurre. A las personas a quienes les ocurre ese cambio no se las tiene que menospreciar, ni ridiculizar, ni perseguir, ni discriminar, como se ha hecho durante milenios, incluso en la Biblia. Se ha hecho con ellas un auténtico crimen social, que debemos "recuperar". Precisamente, esa "tolerancia" que a usted le disgusta, monseñor, es un bello signo de actitud humanista y cristiana que hay que celebrar.
Protección a los niños/as. Estamos en ello, monseñor. "Precisamente". Si un niño o niña, o adolescente, un día observa que "siente" de forma distinta que los demás, si no sabe nada, se sentirá con toda seguridad extraño, diferente y... precisamente en algo que suele ser muy personal y secreto, que no se cuenta a nadie. Y es muy probable que se encierre en un sentimiento de no ser como los demás, sin poderlo decir. En un sentimiento solitario y doloroso. Debemos, como obligación social estricta y grave, hacer que todos los niños/as o adolescentes "sepan" lo que puede "pasar", y que, si pasa, se pueda aceptar como algo, no corriente, pero sí normal, y aceptado por todo el mundo. Eso es la protección de los niños/as.
Monseñor, en nombre del Evangelio, le ruego de todo corazón que medite sobre esas cuestiones.
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