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"Se nos fue el hombre, el amigo, el cómplice…"
Hace pocos días falleció Fernando López Combarros, S. J. Se nos fue el hombre, el amigo, el cómplice, el cordón umbilical que nos mantenía unidos con sus hermanos. Se nos fue como vivió, como nos tenía acostumbrados, sin avisar, por sorpresa, con ese modo un poco anárquico y rebelde que tenía de entender la vida. Siempre despreocupado por su estado de salud y volcado con los demás.
Después de toda una vida como amigos en La Bañeza, retomamos nuestra relación cuando llegó hace unos años a los jesuitas de Vigo, donde trabajó como párroco de un populoso barrio vigués y los últimos años, además, como Superior de la Orden. En realidad fue el último jesuita de Vigo y al que como último Superior le correspondió cerrar la puerta y apagar la luz de la centenaria sede de los jesuitas en la ciudad, donde llevaban más de un siglo. Ciudad en la que era muy querido y que aceptó con tristeza su marcha para Alcalá de Henares con motivo de su jubilación.
La labor que hizo como párroco fue ingente, muy similar a la que había llevado a cabo en la Cabrera Baja leonesa, de la que estaba enamorado: ayudando a los más débiles, a los más necesitados y también, organizándolos como una comunidad solidaria. Estos últimos años de Vigo también llevó a cabo un trabajo impresionante de recuperación y digitalización de los archivos centenarios de los jesuitas que se conservaban en la catedral de Tui.
Pero su huella profunda, indeleble, la dejó en el ámbito personal en los corazones de quienes tuvimos el privilegio de ser sus amigos, sus confidentes, sus colegas, como se dice ahora. Fernando fue una de las personas que ha dejado en mí una huella más profunda. Un hombre en el que inteligencia, la sensibilidad, la ternura y el sentido de la amistad y de la solidaridad se han combinado en mayores dosis.
Anárquico en lo personal, intelectualmente brillante, dialécticamente contundente, culto, sensible, amigo de sus amigos por encima de sus intereses y de su vida, a Fernando como a tantos otros tal vez este mundo se le quedaba pequeño.
En nuestro recuerdo quedan su mirada tierna, noble y sincera, su sonrisa abierta y sus ocurrentes y agudos comentarios llenos de humor y sarcasmo sobre esta sociedad y esta vida un tanto absurdas que nos hemos fabricado. En nuestros corazones, sus palabras de cariño, su entrega, su apoyo y tantas muestras de amistad.
Adiós amigo, siempre vivirás en nuestros corazones.
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