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Comunidad de intereses, comunidad pacífica
"Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho" (Declaración de Schuman, 9 de mayo 1950)
El 9 de mayo de 1950, Robert Schuman, en aquel momento Ministro francés de Asuntos Exteriores, pronunció la que luego se ha llamado “famosa Declaración de Schuman”. En ella se proponía la creación de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero, para poner en común el Europa y gestionar juntos la producción de carbón y de acero.
La CECA fue la primera de una serie de instituciones supranacionales que se convertirían en lo que hoy es la Unión Europea. La fusión de los intereses económicos contribuyó a aumentar el nivel de vida y constituiría el primer paso hacia una Europa más unida.
Lo que hace casi 75 años era solo un acuerdo económico, se ha convertido en un espacio común de convivencia de los países de la vieja Europa que nos gustaría estuviera menos centrada en el dinero y más sensible a nuestros problemas culturales: la aceptación de la diversidad (de culturas, lenguas, políticas) y de la tolerancia (la capacidad de convivir en paz integrando lo que nos separa en proyectos comunes de solidaridad internacional)
El Día de Europa tiene lugar cada 9 de mayo. En este día celebramos los esfuerzos por una sociedad mundial en convivencia en la paz y la unidad en la diversidad en Europa. Esta fecha marca el aniversario de la conocida Declaración Schuman, en la que este político expuso su idea de una nueva forma de cooperación política en Europa, que haría inconcebible la guerra entre naciones europeas. La propuesta de Schuman se considera el comienzo de lo que hoy es la Unión Europea.
En el año 1950, - como muchos de los lectores mayores vivieron intensamente- cinco años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, las naciones europeas todavía estaban luchando para superar sus estragos. Los gobiernos europeos, decididos a evitar otra terrible contienda, llegaron a la conclusión de que, poniendo en común la producción de carbón y acero, la guerra entre Francia y Alemania, rivales históricos, resultaría —en los términos de la declaración— "no sólo impensable, sino materialmente imposible".
Se pensó, acertadamente, que la fusión de los intereses económicos contribuiría a aumentar el nivel de vida y constituiría el primer paso hacia una Europa más unida. La adhesión a la CECA estaba abierta a otros países.
"La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan".
"Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho".
"La puesta en común de las producciones de carbón y de acero (...) cambiará el destino de esas regiones, que durante tanto tiempo se han dedicado a la fabricación de armas, de las que ellas mismas han sido las primeras víctimas".
En su discurso, decía Schuman unas palabras que 75 años más tarde tienen actualidad: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas. Francia, defensora desde hace más de veinte años de una Europa unida, ha tenido siempre como objetivo esencial servir a la paz. Europa no se construyó y hubo la guerra. Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.
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