Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
Clamoroso silencio de la Santa Sede ante el histórico encuentro de cardenales con el Papa
El cardenal Burke entra solo, caminando, por la puerta oeste de la basílica de San Pedro. El purpurado norteamericano, uno de los supervivientes de los firmantes de las Dubia, y uno de los que calificó de herejías algunas de las reformas emprendidas por el Papa Francisco. Y, sin embargo, es uno de los primeros que entra, con sotana hasta los tobillos, fajín rojo, cruz pectoral... y sombrero de paja (uno es cardenal, pero Roma en agosto sigue siendo un horno), en el aula donde, entre ayer y hoy, la gran mayoría de cardenales conversan con Bergoglio sobre la reforma de la Curia y el futuro de la Iglesia.
No, no es un cónclave, aunque de alguna manera muchos han ido a observar 'por si acaso', a posibles candidatos, como Tagle, Zuppi, McElroy. O a advertir, acaso por vez primera, la universalidad de la Iglesia. Hay mucho purpurado de color, mucho asiático, bastantes americanos... El Colegio cardenalicio ha dejado de ser europeo, tal vez para siempre, por mor del primer Papa venido del fin del mundo.
Entre los más buscados, el grupo de los 'defenestrados'. Becciu (que, por más que insista, no ha sido rehabilitado por Bergoglio, y no lo será, al menos, hasta que finalice el proceso por el que está siendo juzgado), Barbarin (pocos esperaban al cardenal de Lyon, desaparecido durante meses), Pell (éste sí rehabilitado por el Papa, y que pasa los días en Roma esperando).
Entre los españoles, todos, aunque al que más se ve es al cardenal Omella, que está ejerciendo como una suerte de 'tendedor de puentes' reconocido por muchos. También se deja ver bastante, y con muy buena salud, por cierto, el cardenal Rouco. Uno de los pocos que, como Burke, llega a la Santa Sede con todos los capisayos. Una vez dentro, ojo, ya es otra cosa: todos revestidos de púrpura para el encuentro 'oficial'.
Porque lo que sí ha conseguido este Consistorio de agosto es que muchos purpurados entren en el Vaticano "como si fueran curas de pueblo", tal y como subrayan varios de los periodistas que los esperan, a la entrada y la salida, para buscar declaraciones explosivas que, para variar, en esta ocasión no se están dando. "Si no fuera por la cruz al pecho, nadie diría que muchos son cardenales".
Aunque otros sí, que entran en coche hasta dentro para no encontrarse con la canallesca. Una prensa que, por cierto, echa mucho de menos alguna comunicación, del tipo que sea, por parte de la Sala Stampa de la Santa Sede, sobre lo que está sucediendo tras los muros vaticanos. ¿Habrá que esperar, de nuevo, a que sea el Papa quien informe?
También te puede interesar
Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
Católicos sin hogar, supervivientes del Sodalicio
Regina Laudage-Kleeber: "Vivir la espiritualidad con libertad no es, desde luego, para principiantes"
A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
La economía del Vaticano según León XIV en el libro de Elise A. Allen
León XIV y la economía del Vaticano: "Tenemos que continuar el proceso de reforma que Francisco comenzó"
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma