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"Gracias, santo padre, muchas veces muchas gracias"
El Papa Francisco, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, ha fallecido. El mundo entero lo llora, creyentes y no creyentes. Las campanas de todo el mundo suenan con fuerza. Estamos de luto, pero con esperanza. Ahora vivirá lo que predicó toda su vida, la resurrección de Jesucristo. Sus enseñanzas calan el corazón y la mente y nos pueden ayudar a salir de la grave crisis que estamos viviendo.
El Papa nos habla de misericordia, en medio de tanta dureza en el modo de tratarnos. Nos habla de compartir los bienes que poseemos con los más necesitados en medio de tanta avaricia, superficialidad y gusto desordenado por lo superfluo. Nos habla de ser humildes en medio de tanta arrogancia y soberbia. Nos habla de servir a los demás en medio de tantas voces que se alzan en busca de espacio de poder. El Papa nos invita a tener más profundidad espiritual y capacidad de discernimiento en medio de tanta mundanidad, incluso entre los creyentes.
Detestaba lo que llamaba “la mundanidad espiritual”. Aspiraba a una Iglesia menos eclesiástica y más eclesial, una Iglesia pobre para los pobres, con una participación real de los laicos. Lo hizo y de ello estamos agradecidos. Pero no basta con felicitarlo y aplaudirlo, sino que imitarlo. Era crítico de un sistema económico voraz que gira en torno al lucro, la competencia, el consumo. Nos dijo que este sistema destruye el ambiente y al ser humano y que los que sufren las consecuencias son siempre los más pobres.
En Chile se discuten temas relevantes. El Papa invita a quienes están en ese debate a ampliar la mirada, a mirar con los ojos de los más pobres. Creo que en Chile nos falta mirar más allá de nuestras propias fronteras y comprendernos como comunidad. El todo es más que las partes, suele decir el Papa constantemente. Tal vez eso nos ayude a comprender como un pueblo, una comunidad, un grupo de ciudadanos que aspiramos al bien común más que al bien personal. Pensar el mundo que le dejaremos a las futuras generaciones es una pregunta que Francisco la hizo desde el primer momento que asumió como Pontífice. Esa pregunta hemos de responderlas cada uno de nosotros mirando con un sano espíritu crítico nuestros gestos, nuestras palabras, nuestros actos.
El Papa llama a cada uno a asumir el compromiso de una sociedad más justa y mejor y no andar “balconeando”, es decir subirse al balcón a mirar, criticar y no hacer nada. Para ello hay un solo camino, conocer, creer, seguir e imitar a Jesucristo. El Papa antes de morir visitó la cárcel y saludos a los peregrinos en la plaza de San Pedro. Murió con “botas puestas” porque para él su vida es Cristo. Gracias Santo Padre, has sido luz en medio de tanta oscuridad. Gracias, muchas veces muchas gracias.
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