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Carta a Yolanda Díaz del teólogo Benjamín Forcano
Admirada y amiga Yolanda Díaz
Siempre la he percibido en un plano de coigualdad con todo ser humano,irradiando y preservando la individual y colectiva libertad: nadie más ni menos que nadie, en alto simore la propia e irrepetible singularidad.
Tarea ésta de ayer y de hoy, en todo lugar, que ejercita y asegura una digna y justa convivencia, sin transigir con la desigualdad.
Me place recordarle que alguien bien conocido, un tal Jesús de Nazaret, humanizador de lo divino, deslumbró por declarar connatural esta igualdad humana defendiéndola en toda mujer, como nunca nadie lo hizo. Ese tal Jesús nunca tuvo problemas con las mujeres.
La actual coyuntura del planeta tierra avanza horriblemente disolvente y opresora, guiada por proyectos imperialistas, unos “parcialmente, otros “totalitariamente “ como el de Estados Unidos, que pretende regir, uniformar, someter y dominar a todas las demás personas y pueblos. Un regir efecto del egoísmo, la avaricia y la soberbia y no de la igualdad, dignidad y libertad de todos.
La conyuntura político-militar imperialista yanqui retiene como indiscutible su triunfo final, sin descartar que tenga que hacerlo con la destrucción masiva de cualquier opositor.
La amenaza persiste real e inminente y es la que espolea a unos y otros pueblos a unirse a tiempo y poder programar una movilización de la ciudadanía universal frente a tan probable y desoladora dominación.
Es, dentro de este marco, donde en algunas partes se ha alzado la bandera de la paz, pero sin repercusión apenas y con escasa posibilidades de adhesión ciudadana .
En este sentido, merece total adhesión y aplauso el gran líder de la paz: el papa Francisco, quien, provisto de toda razón y de la más honda sabiduría cristiana, se negó a tolerar el error de dividir la humanidad en bandos irreconciliables: de odio, enemistad y exterminio y no de unidad, fraternidad y libertad.
La actitud del Papa hace patente el gran escándalo de que la cristiandad entera, institución religiosa la más poderosa del mundo, con todos los obispos a la cabeza, no hayan secundado su pasión por la paz en los cuatro puntos del planeta.
Es tiempo todavía. Y aquí, amiga Yolanda, es la hora de atender y movilizar a esa gran mayoría ciudadana despreciada y empobrecida, nunca cuidadada y promovida en su igualdad, dignidad, libertad y derechos elementales.
A tiempo, pues, para que comparezcan relevantes políticos y otras personalidades reclamando la condena fulminante de toda guerra y activen el gran bien de la paz, como derecho consustancial de la dignidad, igualdad y libertad de todos y expresión al fín y al cabo de la soberana igualdad de todas las naciones.
Y que tal aclamación se traduzca en el desmantelamiento y desaparición en todo lugar de hechos, acciones y símbolos de todo extraño y tiránico dominio…
"Es tiempo todavía. Y aquí, amiga Yolanda, es la hora de atender y movilizar a esa gran mayoría ciudadana despreciada y empobrecida, nunca cuidadada y promovida en su igualdad, dignidad, libertad y derechos elementales"
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