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El fútbol no tiene sexo, pero sí la institución "en nombre de Dios"
Tal y como están las noticias relacionadas con la Iglesia en la actualidad, y por ahora con apenas atisbos de cambios por lo que espeta a la mujer, los titulares de la prensa internacional que nos despiertan no pueden serle más desfavorables, con mención especial para la española.
El futbol no tiene sexo. Acaba de alcanza el honor de los altares con alegría, satisfacción y gozo. Universalmente ha sido,- está siendo-, también canonizado con presencia y representación femenina en sus grados más altos, y pese a las graves dificultades padecidas en tal ascesis.
Con reconocimiento explícito y democráticamente popular -¡palabra de Dios!- un grupo -comunidad- de chicas, disciplinadamente, con humildad, sensatez , alegría, cordura y como “lo más natural, lo que tiene que ser, por naturaleza y porque así lo quiere Dios y esta es su santa voluntad”, proclaman y gritan en todos los idiomas y dialectos que a la insensata, absurda e injusta marginación que sigue sufriendo la mujer, por mujer, no son muchas las calendas que le quedan de vigencia, pese a quien pese.
¿También y sobre todo, en la Iglesia y hasta “en el nombre de Dios?.
Sí, también y sobre todo en la Iglesia. Ella –“Nuestra Santa Madre la Iglesia”-, en relación con la mujer, ha perdido el tren de la historia. Como institución “religiosa” y como “Estado Pontificio”, la Iglesia resulta ser nada ejemplar- sino todo lo contrario- para cuanto es, significa y significará la mujer para el futuro de la humanidad y, por tanto, para el de la Iglesia. Se agudiza la gravedad del problema, al poderse constatar con luminosa claridad y luz, que el comportamientos y adoctrinamientos de Jesús en el Evangelio recorrió otros caminos, coincidentes siempre con los del respeto al sexo femenino y más por ser este tratado y considerado como el más pobre de entre los pobres, con referencias a los Sumos Sacerdotes del Templo y de otros lugares “sagrados” de otras creencias.
La mujer es -y seguirá siendo- “pecado”, en la Iglesia y dentro de ella, aunque para el mantenimiento de tal proposición deshonesta hasta intelectualmente, sea preciso acudir a Santos Padres y a píos e “insobornables” teólogos, dispuestos a vender “predicar” argumentos como sea y a quien sea, siempre y cuando sus patrocinadores formen parte del elencos jerárquicos, consagrados y partícipes, a ser posible, de alguna brizna del discutido “dogma” relativo a las infalibilidades.
¿Y ahora? Un leve y respetuoso consejo: no os convirtáis en dioses o en diocesillos. Esto es “cosa de hombres”,(chiquillos y “ a medio hacer”) y más de los que no alcanzaron la gloria del reconocimiento de campeonatos mundiales, con árbitros y entrenadores – entrenadoras- siempre al servicio de la verdad y de la justicia, y no de intereses personales o de grupos que, por lo visto y oído, resulta ser “el pan nuestro de cada día”, en oficinas, despachos, campos -canchas-, con las correspondientes “cuentas corrientes” bancarias por medio
¿Accedemos a satisfacer el empeño de algunos de nuestros “jefes” y “jefas” de que les llevemos copia del trofeo a la Virgen Patrona del pueblo que nos viera nacer?. Seguramente que vuestras abuelos y abuelas disfrutarían con tal gesto. Pero eso no tiene importancia ni tampoco “hace Iglesia”
Lo que de verdad ha hecho convivencia e Iglesia, y lo que universalmente habéis proclamado con humildad, alegría e inteligencia, es el “credo” tan elemental de que la desigualdad todavía hoy reinante entre hombre y mujer , comenzando por la Iglesia, pertenece irremediablemente al pasado.
¡Gracias y felicidades!
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