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"Una oposición consagraría de manera oficial a un obispo"
Nos dejamos de tabarras, tostones y monsergas y, adoctrinados felizmente por el papa Francisco, llegamos a la conclusión de que para muchos clérigos, sus estudios y su “vocación” no fueron otra cosa que episodios de una “carrera” reconocida como “eclesiástica”, con todos sus predicamentos, consecuencias y connotaciones. Lo que menos pudieron y debieron llamarse los planteamientos propios de la preparación para el sacerdocio es precisamente “carrerismo”, con la meta lógica del episcopado en su culmen o aspiración.
Y en el panorama de la praxis aparece con hidalguía y ortodoxia intelectual, el concepto de “oposición”, que entraña gramaticalmente el de “conjunto de ejercicios selectivos en los que los aspirantes a un puesto demuestran sus conocimientos ante un tribunal”. La aprobación de una oposición consagra de manera “oficial” la condición de “profesión”, equiparable, o más, al de la “vocación” en el plan de Dios en relación con la sacrosanta re-creación permanente del mundo…
Para desgracia de la Iglesia, el sistema vigente respecto al nombramiento- selección (¡¡) de su episcopado, no ha producido ni produce los frutos mínimamente anhelados. La “dedocracia” al alimón y en respuesta a intereses personales o de grupos -espirituales y aún materiales-, no puede ser más nefasta. Los episcopados se han “regalado”, comprado –y se venden- al mejor postor, y el bien espiritual de la Iglesia, el servicio al pueblo – y más si este es pobre-, que substituyeron a la santa y primitiva intervención directa del pueblo, fueron relegados a los extramuros de las catedrales y de las palaciegas mansiones, cuyos moradores eran- y son- en exclusiva y “por la gracia de Dios” sus respectivos prelados.
Los episcopados se han “regalado”, comprado –y se venden- al mejor postor
Así las cosas, y vistos y comprobados los resultados de la santa y misteriosa “dedocracia”, antes que la democracia pudiera irrumpir en el sistema “canónico” de las elecciones episcopales, podrían resultar efectivos y justos -por lo de “carrera”- los ejercicios de las oposiciones al uso en general. Sí, oposiciones para obispos…
¿Oposiciones para obispos? ¿Y quiénes podrían aspirar a ello? ¿Sólo los clérigos? Después de haber estudiado la historia de la Iglesia, sus tiempos y las de los sujetos responsables de sus diócesis –aún de la de Roma-, ¿podrían aspirar al episcopado -a tenor del principios proclamado por san Pablo-, también los laicos y las laicas? ¿Acaso san Ambrosio no fue elegido –proclamado- obispo de Milán, por el pueblo, sin ser siquiera sacerdote? ¿Y por qué obispo “para toda la vida” y no “ad tempus”, hoy que tanto ella –la vida- se alarga, y no hasta que las necesidades de la Iglesia resulten ser otras y distintas? ¿No tendrán que cambiar radicalmente no pocas, e importantes, maneras de ser y ejercer de obispos, como para que no falten aspirantes a ocupar cátedras –sedes- tan sagradas?
Prosiguiendo con la letanía de las preguntas intencionada y doblemente “religiosas”, ¿cuáles serían las asignaturas y disciplinas, objetos primordiales del examen de las oposiciones episcopales? ¿Serían los estudios clásicos del latín, del hebreo, del Derecho Canónico, la liturgia, la administración de los bienes eclesiásticos, muebles e inmuebles, fungibles o no, fincas, casas y acciones bancarias…? ¿Lo sería el trato con la gente, la simpatía, la empatía, la capacidad de integración en sus problemas, la cercanía a los mismos, la humildad –humanidad-, los ritos, la participación en sus fiestas, dolores, gozos y esperanzas…? ¿No serían rechazables por naturaleza “religiosa” los “amantes de la buena mesa”, de las “dignidades”, mitras, báculos, fiestas sociales y políticas, y quienes estén sempiternamente “orientados” a Roma, mirando al Nuncio de SS. o a sus allegados?
¿Tal vez podrán suponerles a los candidatos a obispos algún punto a favor, o en disfavor, el asiduo trato con los pobres, el compromiso con “la gente de tropa”, la interpretación audaz de los evangelios y la palabra clara y contundente contra la corrupción en su variedad de versiones humanas y “divinas”? ¿Se contabilizarán como motivaciones “episcopables” las peregrinaciones, las procesiones, los actos masivos de “afirmación religiosa”, y no la promoción de casas para los “sin techos” y los emigrantes, campos de ocio y entretenimiento, residencias para mayores y escuelas, escuelas y escuelas?
Capítulo relevante en la implantación del sistema de las oposiciones para obispos, será la selección de los miembros del tribunal competente para el examen: ¿Serán sus miembros otros obispos, de la misma o distinta “cuerda”? ¿Intervendrán los canónigos, hoy con funciones tan recortadas e inútiles? ¿De qué forma y manera lo harán los laicos y laicas, los ricos y los pobres, los jóvenes y los mayores, las amas de casa, los “sin techos”, los emigrantes, las maltratadas, las exprostitutas y los excuras? ¿Se atreverá el tribunal a no examinar siquiera a los canonistas con irrenunciables aspiraciones a obispos, abriéndoles puertas y ventanas plenamente a los pastoralistas, biblistas, críticos o “analfabetos”, pero todos ellos "por el reino de Dios"?
¡Por amor a Dios y de la Iglesia! Apresúrense a convocar oposiciones a obispos antes que a la mayoría de sus aspirantes se vean obligados a presentar las partidas del respectivo bautismo que recibieron en sus países hispanoamericanos o en los llamados "de misión"... Un recuerdo misericordioso para aquellos obispos que convocaron oposiciones para canónigos, “beneficiados” y curas de “parroquias en propiedad” y en calidad de “cortijos”…
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