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"¡No lo canonicéis, por favor!"
Ya antes –mucho antes- de su fallecimiento, cabildeaban por estancias vaticanas y sacristías curiales, si Mons. Pedro Casaldáliga, religioso de la Congregación del Corazón de María (CMF), obispo emérito de San Félix de Araguaia, en Brasil, habría de ser canonizado o no, si pronto o si más tarde… La discusión suscitaba y suscita interés, católico, como no católico. Es –era- una figura ciertamente mundial, por lo que no resultarán ociosas las siguientes consideraciones:
Pedro Casaldáliga era un gran escritor. Y un gran poeta. Y uno de los “Teólogos de la Liberación”, y obispo del pueblo, apóstol de la Amazonía, buena persona, religioso, pobre y encarnado en los pobres, poco amigo –enemigo- de una gran parte de la institución eclesiástica, sobre todo en sus esferas jerárquicas… Pedro era “uno más”. “Cristiano a carta cabal”, respetuoso con todo y con todos. Comprensivo. Con disponibilidad. Cristiano antiguo y actual. Del pasado, del presente y más del futuro. Sempiternamente joven y rompedor de formas y formulismos. Comprometido con el concilio Vaticano II, con Pablo VI y tan “franciscano” –o más- que el mismo papa Francisco.
De entre los perfiles singulares, inequívocos, veraces y testimoniales de quienes lo trataron y conocen la vida y la obra de Mons. Casaldáliga, descuellan los atributos de “ejemplo de vida, de esperanza y de rebeldía para la juventud, y “de “ateo” del dios del colonialismo y del capital ególatra y de la exclusión del hambre y de la muerte para las mayorías que han de sobrevivir en un mundo mortalmente dividido en dos”.
“Ateo” de tal dios, pero fervorosamente amante, adorador y siempre al servicio del Dios misericordioso y amable, que se presentó y sigue presentándose y viviendo en Jesús como Dios de la Vida y de la Fraternidad en un mundo único en Dignidad, Libertad y Justicia, compartido por igual –como el Pan y la Vida- por todos los seres humanos, personas y pueblos.
Y para una persona, tan cristiana como Pedro Casaldáliga, están de más ciertos atributos, por santos y canónicos que sean para algunos y tan deseados, por significativos, para otros. Cadaldáliga no querría ser canonizado. Ni siquiera beatificado, ni venerable, a la antigua instancia, con sus ritualismos y procesos. Fueron muchos y desejemplarizantes los santos declarados oficialmente en sus tiempos como tales, que jamás le pasó por la imaginación aspirar a que con él pudiera repetirse algunas de estas ceremonias y ritos.
Además y sobre todo, Casaldáliga es y está considerado como santo de verdad. El pueblo-pueblo lo canonizó hace un puñado de años. Y el pueblo-pueblo es quien canoniza, acostumbrado a hacerlo desde los más antiguos tiempos de la Iglesia, en consonancia además con las religiones y culturas antiguas, en las que de los héroes queda constancia que sus cuerpos eran elevados físicamente ante los altares de sus respectivos dioses, en calidad de ejemplos y de mediadores.
A los poetas, a los obispos pobres y sin capisayos y ornamentos sagrados, a las buenas personas en general, a los teólogos de la liberación, a los ”oficialmente” malos y rebeldes, a los místicos, a las mujeres maltratadas y a las fervorosamente decididas por hacer desaparecer toda clase de discriminaciones por el hecho de su condición femenina, tanto dentro como fuera de la Iglesia, los canonizó el pueblo y no precisan de procesos ni de mentirijillas “canónicas”, con “milagros” o “milagrerías". Sabiendo lo que cuesta –sí, cuesta- hoy un santo, entre unas cosas y otras, ¿a quién se le va a ocurrir que a tales gastos les dieran el “Visto Bueno” los Casaldáliga que todavía peregrinan por esos mundos de Dios, todos ellos con mitras, báculos y otros pertrechos?
¡Por favor, no intentéis siquiera canonizar a Mons. Casaldáliga…! Él es santo-santo, y actuará con todas sus consecuencias, ofertándonos toda clase de ejemplos de vida cristiana…. ¿Cómo nos lo representarían los iconógrafos a los que se les encargaran sus estampas e imágenes?
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