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"El NO en religión es pecado"
Pese a que con carácter de dogma, la Iglesia es un SÍ claro, rotundo e inteligible, a la suprema valoración de Dios y más mediante el servicio a los demás, sobre todo a los pobres, las noticias que generan sus organismos, instituciones y personas en los medios de comunicación actuales, suelen ser, con frecuencia y casi sistemáticamente, negativas. No obstante, y pensándolo mejor, más que la Iglesia como tal, la negatividad la encarnan sus representantes jerárquicos, que precisamente por y para eso “tiene y cuenta con sus propios doctores”. Estos acaparan la posibilidad de pronunciar el NO o el “SÍ, pero”, hasta sus penúltimas consecuencias.
Por diversidad de razones, a veces exentas de racionalidad, el hecho es que los hombres de la Iglesia “oficial” tienen a flor de labios de sus homilías, Cartas Pastorales, exhortaciones, adoctrinamientos, sermones, declaraciones y, en ocasiones, hasta encíclicas, el NO a lo que otros –personas, organismos e instituciones- programen e intenten llevar a cabo, o poner en práctica en sus respectivas áreas, aunque no siempre, ni en todo, estas sean fundamentalmente religiosas y de su exclusiva competencia canónica, con o sin concordatos.
Aparece en la lejanía de las suposiciones cívico-social alguna posibilidad de cambio, que más o menos se estime como no favorable a la idea de Iglesia encarnada sobre todo en la clerecía, y automáticamente la jerarquía pronuncia su NO con las correspondientes amenazas humanas y divinas. Como la instalación y permanencia del conservadurismo ha definido y define, a perpetuidad la institución eclesiástica y no el progreso en su variedad de versiones, aún las más buenas y de por sí constructivas, el NO se multiplica en la relación tanto dentro como fuera del mundo religioso, que sería el propio, específico y y legítimo de su competencia.
NO a la eutanasia, NO al divorcio, NO a la coeducación. NO al aborto, NO a las “obispesas”. NO a la comunión en la mano, NO a la incineración de los cadáveres, NO rotundo, y sin ninguna clase de paliativos, a la mujer en general, NO, o “SÍ, pero”, -y lo menos posible-, a los laicos, NO a la democracia, NO al Gobierno de turno, NO a la educación si esta es distinta a la que manden los cánones y el concordato, NO a la felicidad, NO a la alegría, NO a la sexualidad por santa que sea y “en la que toda materia es grave”, NO al ecumenismo, mientras no sean ellos-los otros- los que no se unan, NO a la juventud actual, NO a la libertad de expresión, NO al matrimonio “por lo civil”. NO a las “parejas”. NO a los obispos elegidos por el pueblo y por sus sacerdotes. NO a los sacerdotes obreros- NO a la Teología de la Liberación. NO al “Cantar de los Cantares” de la Biblia. NO a los no-inquisidores. NO a la recepción de la Comunión, por parte de los no casados por la Iglesia…
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Rebaños de “NOES” son pastoreados constantemente por cañadas y campos abiertos y ocupan tratados enteros del catecismo y de buena parte de la doctrina eclesiástica que se dice cristiana. Sin el NO a cuestas, la mayoría de las prédicas “religiosas” carecerían de sentido y de contenido. Estarían de más y sobrarían.
Aún convencidos pedagógicamente de las posibilidades de educación-también de la fe- que posee el SÍ, sobre el NO, es precisamente este adverbio el que campea, inspira y define la ortodoxia, en difícil coincidencia con el ejercicio y profesión de la fe que encarnó Jesús y que en la actualidad patrocina el papa Francisco, “cuando le dejan…”
La Iglesia es –debe ser- un SÍ, claro, transparente, puro y comprometido. Es el SÍ de la respuesta total de la Virgen a la pregunta del arcángel Gabriel, después de que este le aclarara determinados conceptos…DIOS y SÍ se escriben, describen y descubren con todas sus letras mayúsculas.
El NO en religión es pecado. El SÍ –amén- es adoración a Dios, al servicio del prójimo. El SÍ es “palabra de Dios” que se encarnó en Jesús y con fidelidad continúan tal proceso en su testimonio de vida. Los NO destruyen. No son elementos –“herramientas”- ni de edificación de la fe, ni de proyecto de progreso y de re-creación de la obra de Dios. El SÍ es compromiso con la luz. El NO, y el “por si acaso”, lo es con las tinieblas. Educar en el SÍ es tarea-ministerio propio de cristianos.
Aunque algunos –todavía muchos- sigan apostando por el “Sy-llabus” de ancestrales desvaríos pontificios decimonónicos, habrá de ser el prefijo SI, de la Iglesia “Si-nodal”, el que prevalezca, y contra la que en “jamás de los jamases podrán competir las fuerzas infernales”. Solamente así, la Iglesia lo será de verdad.
Sin la condición de “sinodal”, y sin la de “en salida”, la Iglesia, por catedralicia que se intitule, no sobrepasaría los límites que con pagana frecuencia les son aplicados de “fábrica”, “lugar sagrado”, “trono” –sede-cátedra del obispo, escenario para representaciones litúrgico-teatrales, pasarela de colores, con prevalencia del rojo con sus tonalidades y matices y, a veces, otros tantos salones de audiciones de conciertos musicales, de modo especial para los de carácter y estilo gregorianos…
SÍ al papa FRANCISCO.
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