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"Al carajo con 'al César lo que es del César'"
Le preguntan a Jesús si es lícito pagar el tributo al César. César era un emperador antiguo, pero la palabra César se usaba para designar cualquier emperador. Como quiera que el César (cualquiera) era el jefe del Imperio romano, que ocupaba y dominaba Palestina, le preguntan si ellos (judíos) deben pagar el tributo.
La trampa era que, si decía que sí, le acusarían de ser colaborador del Imperio, y si decía que no, le acusarían de ser contrario a Roma, luego podía ser castigado por ello. Era una trampa que no merecía respuesta, pues su misión no se refería a luchar por un objetivo político. Pero, para dar una semirespuesta, con objeto de salir del atolladero, pide que le enseñen una moneda con la cual se paga el tributo, y luego pregunta de quién es la imagen y la inscripción. Le dicen: del César. Y él responde: pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No era ninguna respuesta seria, era una salida por la tangente. Esa frase no quiere decir nada, pues fue algo forzado por las circunstancias.
Sin embargo, los ladrones de todos los tiempos han usado esa frase para evitar que se critiquen sus robos. Para dar a entender que la Iglesia, ni nadie que fuera cristiano, debía impugnar su proceder, pues era cosa del César (o sea del Gobierno) y no correspondía hacerlo a la Iglesia. Dirigentes de la Iglesia, lamentablemente, han observado esa abstención. Pero ello es imposible. Porque 1) la frase no tiene ningún valor bíblico, pues jamás fue dicha con la intención de enseñar nada, 2) la actitud de un cristiano/na debe estar inspirada por las palabras, esas sí bíblicas, siguientes:
¡Ay de quienes hacen leyes injustas / y promulgan decretos opresores! / Niegan la justicia a los débiles, / roban el derecho a los pobres de mi pueblo; / las viudas son su botín / expolian a los huérfanos. / ¿Qué haréis el día / en que os pedirán cuentas, / cuando veréis acercarse la tormenta? (Isaías).
Yo os digo: ¡escuchad bien, / gobernantes del pueblo de Jacob, / prohombres de la casa de Israel! / ¿No os corresponde a vosotros conocer el derecho? / Pues sólo sabéis odiar el bien y querer el mal: / arrancáis la piel del cuerpo y la carne de los huesos. / Pero nadie de quienes devoran la carne de mi pueblo, / (...) a ninguno de estos / el Señor responderá / cuando grite auxilio. / Son unos criminales / y él les esconderá la cara (Miqueas).
Así que, cuando digan esa frase, les decimos: ¡al carajo con vuestro César!
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