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Artesanos de la película de nuestra vida, no protagonistas
He escuchado muchas veces que somos protagonistas de la película de nuestra vida. Creo que es un razonamiento equivocado. Si se piensa bien, en esa película, no estamos delante de cámara. Nos situamos justamente detrás. No somos directores ni guionistas, pues no podemos controlar cuándo ni qué dirán los que hablarán a cámara. Nos encargamos de la fotografía y tenemos algo de control en la edición. Somos quienes encuadramos la escena, los que decidimos enfocar este detalle o aquel otro, de manera que esto o aquello cobre más o menos importancia: un gran plano general o un primerísimo primer plano según la circunstancia. Nos podemos incluso permitir hacer algo de retoque de color y una edición magnífica, podemos descartar aquel metraje que se ha dañado y sustituirlo por otro en mejor estado que, aunque esté algo anticuado o pertenezca al rodaje de otra secuencia, encaja perfectamente y devuelve algo de ritmo al montaje.
Me gusta, además, pensar en la vida de esta manera porque así, en nuestra propia película, estamos dando protagonismo a los demás, colocamos al otro en un lugar privilegiado dentro de nuestras vidas. El sujeto para el que grabo-y-vivo es otro. Grabando-y-viviendo con el otro es como obtengo los fotogramas que compondrán mi vida y la llenarán de tanta riqueza: colores, sonidos, risas y músicas, como personajes, paisajes, culturas y lugares que interactúan conmigo. Y así, enriqueceré mi película-vida, la haré más interesante, más entretenida, estará más viva.
Desde 2017 grabo-vivo como parte de la iniciativa Comunidades Internacional LaValla200>, del Instituto de los Hermanos Maristas. Los protagonistas de la secuencia que estoy registrando desde que comencé tienen nombres y apellidos raros, edades comprendidas entre los 0 y los 100 años, y nacionalidades muy diversas.
El escenario ha ido cambiado enormemente desde mi inicio, dejando escenas de todo tipo, desde aquellas de mucha incertidumbre, con miedos y con la “hermana duda” sonriendo cada 24 fotogramas, llenas de transiciones al corte, hasta vivencias registradas en mis discos duros con anécdotas divertidas, de cortinillas de estrella entre escenas concurridas y alegres.
Tengo la fuerte convicción de que todos tenemos una misión que llevar a cabo… Mejor dicho: ¡la Misión nos tiene a todos para que la llevemos a cabo! En España, en Italia, en Cuba, en donde quiera que estemos y quien quiera que seamos debemos construir lo mejor, mantener limpios nuestros objetivos, tener preparadas suficientes baterías para permitir que los demás se explayen, se desarrollen al máximo, nos cuenten todo aquello que quieran contar y encuentren en nosotros suficiente memoria para hacerlo.
En mi caso, las baterías están cargadas y en mis tarjetas aún quedan gigas de sobra. A la espera de conocer nuevos escenarios y de entrar en contacto con otros protagonistas.
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