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Al final el color será el blanco
Bueno. en cierto modo la suerte ya está echada. Hemos pasado unos días cargados de especulaciones, quinielas, intentos de “influir” en el cónclave, bulos, medias verdades, mentiras, …y todo pensando en que quien acabe siendo elegido pueda ser de un color u otro y eso condicione su papado.
Y no digo que no. Evidentemente quien ha vivido como obispo sensible a los pobres, será un papa sensible a los pobres; quien haya sido como obispo tocado por la vida religiosa su carisma se dejará notar. Pero tengo la sensación de que, sea quien sea el elegido, cuando se vea frente al espejo vestido de blanco lo que pesará será la responsabilidad de ser el sucesor de Pedro, y su color será el blanco.
Imagino que, aunque a una velocidad vertiginosa porque los acontecimientos luego se precipitan, pero ser elegido Papa llevará su proceso, su duelo, sus fases.
Cuando uno va escuchando su nombre repetirse en la lectura de las papeletas imagino un cóctel de sentimientos mezclados, de miedos, de orgullo, de agradecimiento, de preguntas (¿por qué a mi Señor, por qué a mí?), …
Cuando el recuento sobrepasa el número de votos necesario vendrá el “ahora sí, ya no hay vuelta atrás”, aunque tenga la opción de renunciar. En ese momento la cabeza empezará a pensar en ese nombre que, quizá en un momento soñó con llevarlo si el destino y la voluntad de Dios lo decidían con la colaboración del Espíritu Santo y el voto de sus hermanos cardenales.
Y cuando esté enfrascado en esos pensamientos empezarán a sonar atronadores los aplausos de todos, que ahora dirigen su mirada y sus pensamientos al elegido, con sus votos o a pesar de sus votos.
Tras su aceptación tocará anunciar a todo el orbe que ya hay nuevo Papa. Y para el elegido empezará la cadena de acontecimientos previos a su salida al balcón y a su presentación pública: la ropa, el anillo, el escudo, los zapatos, … pero mientras otros le ciñen, le llevan y traen, en su cabeza serán otras cuestiones las que circulen a toda velocidad: el legado de su antecesor, la elección de sus primeras palabras que quedarán para la historia, todo lo que deja atrás, las cosas que quedaron por hacer y que nunca se harán, … ahora él es Pedro.
Y ahora es cuando empezará la transformación de esta persona, que hasta hace unos minutos era un cardenal con tal o cual sesgo. Ahora ya no se puede permitir “ese lujo”, ahora va vestido de blanco, ahora él es Pedro. Ahora le tocará escrutar la voluntad de Dios y tratar con Él cara a cara como su Vicario. Ahora hasta sus amigos le llamarán por su nombre de Papa. Ahora no será él quien tome las decisiones, tendrá que dejarse hacer por Dios, para que Dios nos hable a través de él. Por lo tanto, aunque su sello personal, sus acentos acaben definiendo su pontificado, al final su color tendrá que ser el blanco.
Que Dios te bendiga desde ya, seas quien seas. Rodéate de amigos que sepan demostrar su amistad con sus críticas, porque no dejarás de ser un hombre, un pecador, y un pescador, pero a quien Dios le ha confiado una enorme responsabilidad: apacienta mis ovejas.
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