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Crónica de 30 horas de trabajo en Picanya
Parroquianos y voluntarios forman ahora una misma feligresía empeñada en salvar el patrimonio de la parroquia y recuperarla para el uso lo antes posible.
Una joven llora a las puertas del templo al ver el estado de su parroquia devastada por la DANA.
Los de la UME ya se han pasado para hacer un primer balance y según sus cálculos el agua alcanzó los 3 '80 metros de altura.
Al parecer la parroquia de Picanya ha sido la más afectada de todos los templos. Pero claro, se encuentra a escasos 50 metros del barranco de Chiva.
Junto al párroco se encuentra trabajando codo con codo Jean, el vicario, llegado hace años desde Venezuela, donde “otra riada diferente ha asolado su pueblo”. El Vicario acude a la fe para poder seguir adelante tras el desastre. Reconoce que el Arzobispado de Valencia ha estado presente “desde el minuto cero” y que la primera medida adoptada es destinar las colectas de las parroquias de toda la Archidiócesis a ayudar a las parroquias hermanas afectadas. Con su camiseta que lo identifica como “hermano de Emaús” se sabe identificado entre la gente como sacerdote. El anima a poner toda la confianza en el Señor en estos momentos.
El párroco de Ntra. Sra. de Montserrat, la parroquia de Picanya, lleva tres años al frente de la parroquia y reconoce que ni los más viejos del lugar, los que vivieron la riada del 58 se esperaban lo sucedido.
Lo han perdido “todo” significa prácticamente todo. Lo que nos encontramos fue el templo que tras una primera limpieza para poder usarlo mínimamente necesitará una restauración detallada de retablos e imágenes. Técnicos restauradores y alumnos de estas disciplinas serían los ideales para entrar a recuperar el patrimonio dañado.
Pero, aunque consiguieron rescatar algunas formas y una botella de vino de celebrar, los ornamentos litúrgicos se los llevó el agua y los que han rescatado están en manos de las monjas para intentar recuperarlos; los libros de la liturgia les han llegado desde las parroquias del Casco Viejo de Vitoria-Gasteiz. Pero siguen sin disponer de los santos óleos que también se los llevó la DANA.
Otro elemento que precisan con urgencia es un ordenador para llevar la gestión del cementerio que en esta
localidad es parroquial.
Esta parroquia tiene dos patronos, la Virgen de Montserrat y un Cristo azotado que se le conoce como la “Preciosísima Sangre” y que es venerado en Picanya con toda solemnidad en su fiesta el 8 de julio.
El mayor destrozo lo han sufrido los despachos parroquiales que fueron remodelados el año 2009 y que aún se encontraban pagando los dos créditos pedidos para hacer esta obra.
¡Qué buena obra harían los bancos condonando al menos los intereses de estas deudas!
Picanya ha registrado hasta la fecha 11 víctimas a las que la parroquia ha dado sepultura y atendido a sus familiares. Eso es una prioridad en la pastoral de Joaquín.
Agradece infinito la llegada de voluntarios llegados de todas las partes de España, sin ellos la parroquia no podría haber puesto en marcha las celebraciones y eliminado lo más gordo del barro que alcanzó el medio metro dentro del templo.
El párroco es consciente de que el camino será largo. En una de las homilías les decía: “ahora no me da vergüenza pediros dinero”, el evangelio del día era el del óbolo de la viuda. Es consciente de que muchos han perdido enseres, y algunos familiares, pero dentro de la desgracia les anima a seguir siendo comunidad y a confiar en la ayuda de los hermanos y de Dios. La fe es el único argumento que siente el párroco puede esgrimir frente a sus feligreses.
No se les da mucha importancia pero algunas personas los destacan como “casualidades inexplicables”. Por ejemplo una imagen de la Inmaculada que habitualmente se encuentra en su altar en un lateral de la Iglesia, a pesar del peso que tiene al ser una talla de grandes dimensiones, cuando bajaron las aguas apareció tumbada en la sede, un asiento de mármol que el agua no llegó a desplazar. Y sobre este asiento apareció tumbada boca arriba y prácticamente sin daño alguno.
Algunas de las personas que se encuentran limpiando el barro de las tallas rescatadas sienten que tras quitarles el barro la talla luce con más esplendor que antes.
Y lo que menos explicación tiene, nos lo relataba una de las hermanas que sirven en la parroquia, era cómo en la credencial, el espacio donde se dejan el cáliz y la patena antes de ser llevados al altar, aparecieron sobre la misma mesa como si nada los hubiera tocado, y si la mesa de la credencial alcanza el metro de altura el agua lo superó hasta los 3 ‘80 en ese mismo punto, constancia de ello queda en el cuadro de la última cena que conserva la marca del nivel del agua.
Les dejo con las entrevistas realizadas a los sacerdotes, el P. Jean y el P. Joaquín en este video.
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