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Reflexiones a partir de una frase
Hace años que sigo el Diario de Misión de un obispo español en Centro África, ya le he citado en otras ocasiones, se trata del comboniano Jesús Ruiz.
En su última entrega me llamó la atención una afirmación: “Jesús fue un laico, un diácono toda su vida, pues vivió para servir”. Inmediatamente pensé, “Jesús fue un diácono permanente, ergo… el diaconado permanente es la imagen más cercana a la figura de Jesús de Nazaret.
Claro, de ahí se derivan otras conclusiones, y reflexiones. Y preguntas: ¿Por qué entonces a los sacerdotes se les asigna esa representación de Cristo? ¿Por qué se ha querido dar a Cristo la categoría de Sumo y Eterno sacerdote? Si buscamos parecidos los sacerdotes y obispos se asemejarían más al Sanedrín.
Los obispos también son llamados sucesores de los apóstoles, eso sí les pega más, y tiene una lógica porque hubo una transmisión de la misión apostólica.
Pero encaja más la figura o el apelativo del diaconado con Jesús de Nazaret que el de Sumo y Eterno sacerdote. No digo que no haya razones teológicas que fundamenten sobradamente esta asignación, pero serían en todo caso razones teológicas.
De hecho la vida y el testimonio de algunos diáconos permanentes se acerca más al modelo “Jesús de Nazaret” que el de algunos sacerdotes y obispos. Aunque también hay que decirlo, hay obispos que parecen más diáconos permanentes. Y espero que lo tomen como un piropo.
La frase de este obispo me ha hecho pensar en el diaconado permanente, el menor de los grados del ministerio ordenado, cuando … y a la luz de esa frase, debería, sino ser el mayor sí estar a la misma altura, si aceptamos que son la imagen más fiel del Jesus que vivió para servir.
Y puestos a liarla más aún, esa figura del diaconado como imagen a imitar de Jesús de Nazaret es más accesible para las mujeres, que llevan ejerciendo el diaconado desde toda la historia de la Iglesia.
Y si tomamos la frase desde el principio, la primera afirmación es “Jesús fue un laico”. Y es absolutamente cierto, en su vida terrenal fue un laico que vivió para servir. Ergo … todos podemos imitar a Jesús de Nazaret si nos volcamos en el servicio a los demás. Y descubriremos que dando es como más se recibe. Por eso la santidad no es cosa de “curas y monjas” sino de todos, todos estamos llamados a imitar a Jesús de Nazaret, un laico, un diácono toda su vida, pues vivió para servir.
Sirva este artículo sobre todo como reconocimiento a los diáconos permanentes, entre los que tengo la dicha de contar con unos cuantos amigos.
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