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El claretiano, natural de Agurain, Josu M. Alday, ha sacado a la luz un nuevo trabajo de investigación: “La Vida Consagrada en la Provincia de Álava”. En 183 páginas recoge la variopinta presencia de vida consagrada en el territorio alavés, desde las cuevas de los eremitas hasta la llegada de la última orden religiosa a la Diócesis de Vitoria, las “Sanchinas”.
Este trabajo se presentará en el marco del acto de inauguración del curso del Instituto Teológico de Vida Religiosa que tendrá lugar el día 7 de octubre en el Seminario Diocesano de Vitoria.
Tras el prólogo del Catedrático de Hª Contemporánea, Santiago de Pablo, el autor hace una introducción en sus primeras páginas que enmarca la presencia de la vida consagrada en la historia del cristianismo. Así nos sitúa en el siglo III el comienzo de la práctica monacal en el cristianismo, tomada de los ·enclaustrados” en Egipto, o los ascetas de Grecia y Roma entre otros. Aporta también una explicación al surgimiento tardío en el cristianismo: Tras la legalización del Cristianismo, después de siglos de persecución y martirio “al no poder ser mártires, muchos cristianos llevaron una vida ascética y virginal de tal nivel que desembocaría en la forma de vida cristiana bajo el nombre de monacato”.
Los vestigios de la vida eremítica en España parece que se remontan al siglo IV, y en tierras alavesas su existencia puede situarse entre los siglos V y VIII. Las Gobas de Laño, en la zona de Treviño, resultan ser una de las mayores concentraciones de cuevas rupestres, excavadas en roca caliza donde vivieron y rezaron aquellos eremitas.
Otra fórmula de vida consagrada, femenina en este caso, y no institucionalizada fueron los beaterios, algunos reconvertidos con el tiempo en conventos como el de las clarisas en Agurain-Salvatierra.
A partir del capítulo tercero Alday comienza un repaso por todos los conventos y congregaciones religiosas que han tenido alguna presencia en Álava, algunos permanecen en la actualidad y de otros solo quedan los edificios o su recuerdo en fotografías y archivos. En total más de 80 registros de vida consagrada hasta nuestros días.
Resulta llamativo que no hubiese ningún estudio hasta la fecha que hiciese ese repaso a la vida religiosa en Álava. Por eso le preguntamos al autor: ¿Cómo surgió la idea?
“Fue más bien una corazonada: hacer memoria de la presencia histórica de estas formas de vida cristiana en Euskal Herria y, como alavés, comenzar con Álava. Viviendo en Donostia estoy ultimando la vida consagrada en Gipuzkoa; seguirá Bizkaia, Nafarroa e Iparralde, con tal que mi vejez me lo permita. No disponemos de una Historia General de los Institutos Religiosos en Euskalerria, ni tampoco en Álava.”
Es evidente que no pretende ser una obra exhaustiva ni detallada. Más bien parece un trabajo abierto a ser completado más adelante. ¿Ha pensado en ello?
“He pensado en ello, pero habría que hacerlo en equipo. De todos modos, una obra exhaustiva y detallada sería demasiado. Cada comunidad carismática cuenta con su propia historia, con sus archivos y documentación particular. Para uno solo sería demasiado. Sugiero la posibilidad de organizar una especie de Congreso o Semana de Estudio sobre esta presencia carismática en Álava.
Ahora que pasamos a otra era de la historia de los Institutos Religiosos, es necesario romper los compartimentos-estanco que han solido dificultar una comunicación informativa ágil entre los diversos Institutos; es imprescindible la puesta en común de esas Historias dispersas. Es lo que he pretendido al escribir estas páginas como recordatorio agradecido de unas presencias para no olvidarlas.”
¿De todas las historias y presencias carismáticas cuál puede ser la más curiosa, anecdótica, o singular de las que has recogido?
Sin duda alguna, la de los eremitas. Qué pena no conocer algunos de sus nombres y otras historias concretas de sus vidas. Pero he descubierto otras muchas historias llamativas como la de los beaterios. O la de las cistercienses en Barria en pleno siglo XIII; Las Clarisas tan cercanas entre Agurain, Dulantzi y Gasteiz; La presencia de franciscanos y dominicos en dos lugares emblemáticos de la almendra vitoriana; La de los Agustinos en Badaya y Jerónimos en Toloño: que siempre me he preguntado ¡cómo les dio por llegar hasta allí! Que 14 comunidades de las Hijas de la Caridad estuvieran presentes en Álava es un dato llamativo; y la llegada reciente de las Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha es un soplo de esperanza y de futuro.
Ya que habla de futuro. La falta de vocaciones ha provocado el cierre de comunidades e incluso la extinción de alguna orden religiosa ¿qué futuro tiene la vida consagrada? ¿la reciente experiencia de confinamiento puede acabar provocando que la vida consagrada sea una opción para las futuras generaciones?
El futuro de la vida consagrada hay que contemplarlo desde la óptica histórica actual. En un hoy eclesial globalizado y encarnado en un contexto como el de Euskal Herria. Vamos a ser menos numéricamente: ¿dónde está escrito cuántos tenemos que ser y dónde habrá que estar? Mientras existan comunidades cristianas seguirá habiendo diversos carismas, y uno de ellos, el de la vida consagrada. Con nombres y apellidos iguales como los de hasta ahora, u otros.
La experiencia de esta pandemia puede suscitar, desde un descubrimiento de la persona de Jesús y de su mensaje, nuevos planteamientos personales ante lo esencial de la vida, como san Agustín, Francisco y Clara de Asís, Edith Stein, Teresa de Lisieux, Ignacio de Loyola, Vicente de Paúl, Antonio María Claret, o Teresa de Calcuta. Ellos también vivieron momentos críticos en la historia y en su historia personal que formaron parte de su opción de vida.
Es un placer hacerme eco de la obra de quien fue profesor mío en la Facultad de Teología de Vitoria. Estimo mucho su labor investigadora tanto con el santoral vasco, los mártires de la Guerra Civil o la vida consagrada en Euskal Herria. Estos trabajos son una gran aportación a la memoria colectiva, dignos de ocupar un lugar en las estanterías de bibliotecas públicas, al alcance de quien sienta curiosidad e interés por conocer la historia de su tierra, y en el caso la tierra vasca donde lo religioso ha formado parte siempre de la identidad de este pueblo, para bien y para mal. Además de la herencia judeo cristiana, el componente religioso o mitológico, espiritual o ancestral se encuentra en el ADN, tanto de los vascos de toda la vida como en el de muchos de los nuevos vascos llegados de los cuatro puntos cardinales.
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