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Casualidades o diosidencias, que cada cual piense lo que quiera
No podía ser en otras fechas del año. Hay guiños de la vida que no pueden ser casualidades. En plena celebración de la 45º Edición del Festival de Jazz, quien fuera su director y alma mater durante 40 ediciones, Iñaki Añua, ha fallecido en la capital alavesa.
En la década de los 70 se inició la historia del Jazz en Vitoria, y a finales de esa década le dijeron a Iñaki Añua que el Festival de Jazz no iba a seguir adelante: «O lo llevas tú o desaparece» recuerda uno de sus hermanos.
Desde entonces Iñaki Añúa, nacido en 1943 en Vitoria, fue presidente del festival, hasta que en el 2018 decidió retirarse. Cuatro décadas al mando de la organización del Festival de Jazz que lo cogió cuando tan solo llevaba tres ediciones.
Por expreso deseo de la familia, Añua será despedido al más puro estilo de Nueva Orleans y los compases de esta música, llegada desde el otro lado del océano, acompañarán la ceremonia del entierro en Santa Isabel, y el funeral que tendrá lugar en la iglesia de El Carmen también recogerá los temas que a Iñaki más le emocionaba escuchar.
Claro que la muerte de un ser querido no es algo deseado y es lógico que el dolor de la pérdida esté presente como sentimiento en esos momentos; pero también hay que decir que no hay nada más cristiano en la celebración de la muerte que hacerla desde la esperanza de la resurrección, la alegría de que una nueva dimensión nos espera al otro lado, y por lo tanto la despedida de este modo está justificada si tiene un toque festivo, celebrativo desde el más puro sentido de la fiesta, de jubileo.
Recuerdo que me contaron hace años que en Fontilles, una famosa leprosería en España, las personas que allí vivían el último tramo de su vida celebraban una comida en honor del compañero fallecido financiada por el finado. Y como detalle casual pero significativo, el comedor estaba en el piso superior a la morgue.
Celebro que la familia de Iñaki Añua haya decidido despedirlo con lo formó parte de su vida, con la música que soñó, difundió, promocionó, le dió trabajos, preocupaciones y alegrías, sobre todo alegría. Hoy se une al coro Godspell celestial para celebrar al ritmo de una Vida Eterna.
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