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Nuevas vocaciones, también a la vida consagrada
Recientemente una joven alavesa, María Gay-Pobes ha ingresado en la comunidad religiosa de Iesu Communio en el monasterio de la Aguilera, en Burgos. Este paso en su vida la ha convertido en noticia por ser una “rara avis” como lo expresa un diario local. Ella y su familia son objeto de felicitaciones y parabienes por una opción “tan generosa” de la que se “esperan más frutos como el grano de trigo”.
No vamos a negar que en este mundo secularizado y cuando son más frecuentes las noticias de cierres de conventos, que una joven de 24 años decida dar el paso a la vida consagrada es extraordinario.
Pero, y sin restarle ni un ápice de mérito a su opción de vida, ni mi felicitación a la familia y a ella misma, llevo un rato dándole vueltas a que esta chica, con la que coincidieron mis hijos en ese viaje a Tierra Santa que le supuso un antes y un después, no ha hecho nada que no estén haciendo muchos de los jóvenes de su edad: buscar su vocación, su proyecto de vida para ser feliz.
Por eso he decidido añadir en mi felicitación a María y a su familia la felicitación a todos los jóvenes y sus familias que van encontrando su vocación, su opción de vida, su posible futura dedicación profesional. Porque no hay menos generosidad en quien decide ser bombero, o filóloga, o médico, o asistente social, o enfermero o abogada, o diseñador gráfico o técnico informático, … Porque la generosidad se muestra y demuestra en el comportamiento del día a día en cada caso. No es difícil imaginar una religiosa egoísta, un sacerdote insolidario, o un cooperante aprovechado, que de todo hay en la viña del Señor.
Si noticia es que María haya decidido ser monja, no es menos noticia que María haya encontrado su vocación, su opción para ser feliz, esa es para mi la noticia y lo difícil de encontrar en este mundo. Por eso he querido titular este texto con una bienaventuranza, dichosos los que encuentran su vocación, en la vida consagrada o en la vida secular; en la soltería o el matrimonio; en el cuidado de las personas o en el cuidado del planeta, de sus plantas y animales; en el servicio a los demás desde la política o desde un despacho anónimo; dichosos los padres cuyos hijos encuentren su vocación, porque seguramente serán felices en las dificultades. Porque cuando uno dedica su vida a Quien quiere y a lo que quiere, cuando lo hace con gusto y dedicación, hasta en los momentos duros y difíciles se sabe feliz y satisfecho por seguir estando donde siempre quiso estar.
Por eso no hay mayor libertad que la que le ha llevado a María a dirigir sus pasos a un convento. Esa libertad es la que yo deseo para mi hijos y para todos aquellos que hoy estéis buscando por dónde orientar vuestras vidas. ¡Ánimo, Aurrera! María lo ha logrado … tú también lo puedes lograr.
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