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En tiempo de madurez, suele asomarse uno al pasado con nostalgia y ensoñación. Sería hermoso ordenar un poco los años vividos descubriendo sentido a todos ellos, y agradecer emocionado las huellas de amor y de ventura que todavía conservan rescoldo por el brasero del corazón. Algo de todo ello hemos escrito en: “3. El libro de la vida” (pulsar), “21. Eres lo que recuerdas” (pulsar) y “23. El álbum familiar” (pulsar).
ME ENSEÑÓ SOR PILAR A LEER
A LOS TRES AÑOS
Se rememora el pasado hasta edades tempranas (alguien ha referido incluso experiencias prenatales). Mi admirado amigo Jesús, de buena memoria, nos ha regalado un amplio poema, “De cuando Sor Pilar enseñó a leer al poeta niño”, donde registra con ternura su tempranísima experiencia de placer de la lectura. En su blog de RD, “Jesús Mauleón, poeta y cura”, nos sorprendió un día su fascinante relato del descubrimiento de la palabra escrita, que así nos introduce (pulsar):
Antes de emocionarnos con el relato de quien, con solo tres años, se introducía ya, a través del juego de letras, en el milagro de la poesía, en la excelencia de la civilización, anticipemos una exuberante estrofa del poeta navarro: “Y a veces, como un premio / la fiesta de las letras, aquel juego / que empezó en los baberos / y que enseñaba todas / las letras de la Biblia o el Quijote...”
SIEMBRA EL MAESTRO
PARA FUERA DEL AULA Y PARA DESPUÉS
En 1992, cerraba mi poema de profesor de Enseñanzas Medias que inicia un nuevo curso, con los siguientes versos: “Rom– / peré las semillas / de mi fruto en sazón por vuestra huerta. / Seré chirriante noria, humilde y centenaria, / de verdes cangilones y agua nueva.” Pretendía comunicar a los estudiantes la voluntariedad del educador de entregar lo mejor de sí, como semilla viva. Pero tantas y tantas veces, como le ocurriría a Sor Pilar si viviera hoy entre nosotros, el niñito Jesús juguetón y espabilado de entonces, que aprendía a leer, medio siglo después alcanzaría la satisfacción de descubrirse poeta y autor fértil de reconocidos versos.
Estoy leyendo un sugerente artículo de Olga Belmonte (Sal Terrae, diciembre de 2014), donde, bajo el epígrafe “La vida en el aula”, anima al docente a sembrar su palabra y testimonio con esperanza y generosidad: también la vida se encuentra fuera del aula, más allá del ayer y del hoy... “La acción creativa –escribe–, el gesto auténtico se cumple al final, en la madurez del alumno, de la que el maestro no siempre es testigo. En esto coincide la educación con el arte, que trata de apresar la belleza sin lograrlo.”
YOU TUBE
Vídeo “EDUCAR” de Rubem Alves. Reflexión sobre la educación basada en el pensamiento del admirado intelectual brasileño, Doctor en Filosofía. EDUCAR: youtube (pulsar).
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