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Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Me gustaría concluir hoy la presentación del libro de poesía "Este debido llanto". Después de dos post (pulsar 1 y 2) con seis poemas, cerraremos la trilogía apretadamente, ofreciendo cuatro nuevos temas. El título "Y estás en el GRAN CORO" nos anuncia un hermoso primer poema que, según costumbre, ofrecemos completo.
Es fácil sentir los versos de Mauleón como escritos sólo para mí, para ti, para todos... Su sencilla expresión, su misticismo, su cotidianidad, su ternura, como fruto maduro en el árbol, alimentan el corazón y la alegría de quienes acercamos nuestros ojos y nuestras manos a recoger sus dones.
TE GUSTABA CANTAR
Visión escatológica de un más allá, sublimación, no ruptura del más acá. Dibuja Mauleón una bellísima escenografía no sé si barroca o naif. Y allí, ella. La madre. Cantando a coro un himno al Señor, Dios del Universo. Resuena su voz en lo más alto, porque hasta allí, con los humildes, fue ascendida. No falta un "aleluya" final. Ni un afirmativo "Amén". Ni la palabra "Amor" en el corazón del definitivo Paraíso.
SIGUIÓ ANDANDO EL RELOJ
Me ha referido Jesús la honda impresión que le causó, días después del funeral, escuchar el agresivo compás del despertador, latiendo vivo junto al deshabitado lecho de la madre ausente:
TE TUVE COMO UN DIQUE PARÁNDOME LA MUERTE
El próximo título me recuerda los versos de Ungeretti, en el poema "La madre", donde describe a su progenitora de rodillas frente al Eterno, intercediendo por el hijo... "Alzarás temblorosa los cansados brazos, / igual que hiciste al morir / y dirás: Dios mío, heme aquí. // Y sólo cuando Él me haya perdonado / tendrás deseos de mirarme..." La madre, entonces, misión cumplida, feliz exhala un rápido suspiro...
NIÑA QUE JUEGA CON LOS ÁNGELES
Un último poema, de cierta extensión. La madre de Jesús dio a luz hace años una niñita, Mari Loli, que, cosas de la época, no llegó al año de vida. Pero la madre, a lo largo de más de medio siglo, conservó en la cartera y contemplaba con frecuencia una fotografía suya, hoy muy deteriorada. Para ella, la niña seguía viva en su corazón y en el corazón de Dios.
Es emocionante la evocación que hace Jesús Mauleón de su hermanita ausente. Una lección para el hombre de hoy que con tanta frivolidad interrumpe embarazos y remite a un hospital o a un funcional tanatorio, lejos del hogar, las definitivas presencias de los seres queridos. (Si alguien está interesado en este tema del aborto, le sugiero dos entregas de mi blog, pulsando aquí y aquí.)
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