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Cuatro años después de dar a conocer “Fría desnudez del calendario”, recibe Teodoro Rubio el Prestigioso Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística, en su 25 edición, que apareció en 2006 bajo el sugerente título “Tu mano todo el día”. Me parece obligado reproducir algún párrafo del entrañable elogio del Presidente de la Fundación D. Jesús Fernández Hernández en el acto de entrega del Premio:
“Mi felicitación afectuosa, en nombre de todos, a quien ha merecido el galardón del Premio, D. Teodoro Rubio, con su obra “Tu mano todo el día”. Es una poesía de júbilo en la que la mano divina, llena de vida, de nombre, de creación, de sabiduría, de gozo, es la que puede dar toda esta riqueza celeste a la mano del poeta, a la mano del hombre. El poeta, en su sencillez y su carencia, se hace digno de tener en su mano el corazón y las manos de Dios. Este es el oficio que debe tener el poeta místico: dar a Dios a manos llenas. Por eso llega a afirmar Teodoro Rubio: “Cuando escribe, hijo, tu alma adolescente, / yo soy tu corazón y tú mis manos...”
TU MANO TODO EL DÍA
El poemario “Tu mano todo el día” está organizado en tres partes: Presencia de Dios en la vida del poeta, en la difícil aventura del buscador, Ausencia de Dios (mostrando cómo en medio del dolor hay que buscar a Dios entre la niebla), y Reencuentro de la duda y la fe, del hombre y Dios. En entrevista de la agencia Zenit, el premiado autor de “Tu mano todo el día” responde a la pregunta de cómo surgió este tema como hilo conductor:
ESCUCHO UNA CAMPANA
Hace años conocí estos versos con el título “Oración de un moribundo” (pulsar). El enfermo agoniza. El oído, también el corazón, han escuchado una voz de campana que el doliente sospecha señal de ultravida. Confidencia el poeta a Dios en la oración de estos versos: “Y pienso que tu voz es la que suena / en este corazón desalentado”. Le convoca de nuevo la campana, nueva cita de Dios. Le acaricia una brisa, respiración de Dios. Ya no está solo el náufrago: una secreta música arrulla su nombre, como un beso, como una nana. Le convoca al amor, a la ternura: “¡Hijo, es hora de abrazarte!”.
PORQUE TÚ SABES BIEN LO QUE TE QUISE
Lamenta el poeta, a lo Jorge Manrique, la transitoriedad del tiempo: “un suspiro, quizás, sea la vida”. No puedo tachar errores del pasado porque sí. “Yo no puedo escribir otras estrofas / en este libro antiguo de la vida / si llevas en tu rostro la tristeza.” ¿Entonces? Observa el mar y el río, que “siempre están cantando su alegría”. Hasta aquí, un sentencioso poeta reflexiona sobre la vida y sus tristezas.
De pronto, emerge el Teodoro Rubio piadoso y franco. Se dirige a Dios a tumba abierta confesando su alma, rasgando la tela del corazón, y se le entrega: “Porque tú sabes bien lo que te quise / en esta plenitud de las pasiones; / sí, sí, tú sabes lo que te quiero / aunque sea el silencio la respuesta…” Todavía todo, todo es posible, “mientras tengan / los días en su sombra la alborada / y el amor se renueve en el crepúsculo…” La sentencia de Jesús hacia María Magdalena levita secretamente sobre estas reflexiones: “sus pecados le son perdonados, porque amó mucho (Lucas 7,47). Obrando así, “se multiplique nuestra dicha”.
ADENDA. Se publicó en 2014, en español y árabe, una edición bilingüe, de 172 páginas, de “TU MANO TODO EL DÍA, y detrás de la tarde, la palabra”, en la editorial “Los libros de Umsaloua”, con traducción al árabe de Abdessalam Kharraz. Autor de los versos: Teodoro Rubio.
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