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Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Presentamos hoy un querido tríptico de poemarios de Teodoro Rubio (Peñaranda de Duero, Burgos, 1958). Nos satisface reproducir una entrañable descripción que de él escribe Francisco Caro:
“Teo Rubio es un poeta apasionado, de obra medida, de justa palabra. Un poeta que se esfuerza por domeñar la sensibilidad, que le desborda, con la palabra como herramienta. Un poeta que busca el estallido controlado de lo que más íntimamente le hiere o le provoca. Un poeta que contesta a la realidad con sus anhelos, que no cede en las respuestas porque está dispuesto a aceptar todas las inquisiciones. Incluso aquellas que nos desarman, aquellas que, mostrando su absoluto, hacen sentir nuestra impotencia: el mar, Dios, la muerte, tres heridas para la finitud humana.”
Quien esté interesado en una más amplia referencia de la personalidad, vivencias, realizaciones del poeta burgalés, pulse aquí.
FRÍA DESNUDEZ DEL CALENDARIO
Galardonado, en 2001, con el “Premio Florentino Pérez-Embid”, “Fría desnudez del calendario” fue publicado por Rialp en su prestigiosa colección de poesía “Adonáis”. El poemario “es una metáfora de la soledad del ser perdido en el cosmos, en busca de una huella de luz verdadera”. El hilo conductor es la memoria, el recuerdo.
Consta el libro de tres secciones: A la primera, “Polifonía del tiempo” (el poeta se encarna en el paisaje y lo transforma), sucederá la segunda, “Desnudos instantes”, donde predomina el amor, según una metáfora marina. Finalmente, en “Relámpagos de espera”, determinada por la muerte de la madre, el poeta, lleno de conformidad y serenidad, se reconoce limitado y busca el Absoluto, Dios, como esperanza de que la vida se hará más eterna. De esta tercera parte seleccionamos dos poemas, “Entrega” y “Claridades”, que entregaremos seguidamente.
Me gustaría informar del significado del título, “Fría desnudez del calendario”. El poeta se queja de haber nacido sin pedirle permiso: “A veces me resigno, pero a veces / también me desespero, como el río / de la monotonía de sus aguas. / Yo esperaré el vaivén de la corriente / soñando, al mismo tiempo que contemplo / la fría desnudez del calendario.”
Y DIOS DERRAMA LÁGRIMAS OSCURAS
El poema “Entrega” podría ser algo así como una declaración de amor a la madre resucitada, celebrando el viacrucis, mejor la via lucis, de su agonía y muerte, y cerrando el ejercicio piadoso con el impresionante verso final. Testigos de la liturgia de la entrega definitiva a Dios, los lectores del poema observamos y sentimos.
Frente a Teodoro contemplamos a su madre enferma, acaso agonizante, que hondamente le mira, que suspira deseosa por marchar “a la orilla de Dios”, y allí encontrarse con el otro hijo fallecido en accidente de tráfico, que la espera en la región “donde la luz nace”.
Tiene miedo la Muerte, que va tomando posesión de su rostro. Pero los ojos de la madre están vivos y se van despidiendo de todos, re-creando su vida. Ahora permanece en silencio como ausente, mas respirando la mansa compañía. “Y Dios derrama lágrimas oscuras.” Madrugan los arcángeles, y ella sonríe, “como un sauce / con los labios de Dios”. Y vuela hacia lo alto, llevándose “el amor como los pájaros / se llevan la alegría con su vuelo.” Y el árbol familiar quedó sin música… “Y Dios se duerme, madre, entre tus brazos.”
SI EL VIEJO AMANECER SE NOS CONCLUYE
Me permito presentar “Claridades”, último poema de “Fría desnudez del calendario”, con un ramo de reflexiones emocionadas de Rafael Alfaro, que así se expresa:
“Termina el libro con un poema titulado “Claridades”. Es la expresión de la serenidad y de la esperanza y de la oración: “Pongo así la esperanza como un sueño en tus brazos y tú me la devuelves sonámbula de amor y con más sílabas que un verso…” El poeta cicatriza así “la imperfección de sus latidos” con las claridades que brotan como un rayo de luz. Con la muerte ha nacido el alba, la plenitud de los sentidos. La vida no termina, se transforma, nos dirá la liturgia en una de sus expresiones más bellas.”
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