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Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Dedicaremos el post de hoy a glosar la canción "El hambre", del CD (casi seis minutos). Y nos puede servir de ambientación la imagen de esta chiquilla, tomada en Madrid a comienzos de 1939. Su casa acababa de ser bombardeada y se fue a refugiar a una iglesia próxima. Con una mano sostiene una buena rebanada de pan y aprieta, con la otra, alguna fruta.
Miguel Hernández no habla del tema del hambre de memoria: sabe lo que es pasar hambre (" Agrupo mi hambre, mis penas y estas cicatrices / que llevo de tratar piedras y hachas, / a vuestras hambres, vuestras penas y vuestra herrada carne..."). Y sabe lo que es tener noticia de que pasa hambre la familia. Con motivo del nacimiento de su segundo hijo Manuel Miguel (4 de enero 1939), informado por Josefina de que se alimentaba con sólo pan y cebolla (no es que comiera cebolla cruda, sino un guiso pobre de patata y cebolla), les escribe muy afectado pocos días después:
Las coplillas no son otra cosa que las "Nanas de la cebolla", en definición de Concha Zardoya "las más trágicas canciones de cuna de toda la poesía española". Traigamos aquí, al menos, una coplilla que viene al caso: "En la cuna del hambre / mi niño estaba. / Con sangre de cebolla / se amamantaba. / Pero tu sangre, / escarcha de azúcar, / cebolla y hambre."
NO ME DEJÉIS SER FIERA HAMBRIENTA...
Tanto interés tenía Hernández en presentar con dignidad su reflexión sobre el Hambre que llegó a redactar, en prosa y en verso, hasta cuatro borradores. El poema original de Miguel está compuesto de 76 versos y dieciséis estrofas (alejandrinos con rima consonante). Pero tiene que reducir Serrat el extenso poema a la mitad (ocho estrofas). Y elige como estribillo, como mantra, como consigna, "Tened presente el hambre...", en el primer verso. El poema "El Hambre" fue incorporado al poemario "El hombre acecha" con títulos importantes. Pero sutilmente desesperanzados por el sesgo de derrota que iba tomando la contienda civil.
Leamos ya, completo, el poema en la versión de Serrat. Desde el principio se denuncia, sin ambigüedad, el origen del hambre: la explotación que consuma la clase dominante sobre la clase proletaria.
La realización musical, muy digna. Con ritmo como de tango ríoplatense, la melodía del bandoneón se desliza, sagrada y melancólica, por las esquinas de la sala. Notable final, que repite hasta seis veces seguidas, como faro entre rocas, como voz de profeta: "Tened presente el hambre". Lo escuchamos (pulsar aquí).
A PEDIR CON LA BOCA DE LOS MISMOS LUCEROS
Fue descubriendo Miguel, a lo largo de la guerra, que no era fácil identificar una trinchera como la de los buenos a salvar, y la otra como la de los malos a exterminar. En los versos del poema original despliega con claridad Miguel la diáléctica marxista de la lucha de clases. Oíd, si no, cómo describe la situación, cómo invita a la rebelión (recordad el poema de "El niño yuntero"):
"No habéis querido oír con orejas abiertas / el llanto de millones de niños jornaleros. / Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas / a pedir con la boca de los mismos luceros."
"En cada casa, un odio como una higuera fosca, / como un tremante toro con los cuernos tremantes, / rompe por los tejados, os cerca y os embosca, / y os destruye a cornadas, perros agonizantes."
En esta filosofía de los dos bandos irreconciliables, dibuja Miguel un original bestiario. Ellos son tiburones, cuervos, panteras, perros, alacranes, lobos, cerdos... Y nosotros: palomas, leones, toros, vacas exprimidas...
Pero, al elaborar este literario, personal zoológico, siente algo por dentro que le ilumina el corazón. Yo, nosotros, no somos tan buenos...
"Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera / hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente. / Yo, animal familiar, con esta sangre obrera / os doy la humanidad que mi canción presiente."
Y, un poco antes (estos versos no han sido recogidos por Serrat):
"El animal influye sobre mí con extremo, / la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones. / A veces, he de hacer un esfuerzo supremo / para acallar en mí la voz de los leones."
"Me enorgullece el título de animal en mi vida, / pero en el animal humano persevero. / Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida, / bajo tanta maleza, con su valor primero."
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