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Serrat MH13 "CERCA DEL AGUA"

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
07 jun 2018 - 13:04
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El Comisario poeta Miguel Hernández sufrió, a lo largo de algunos años, cárcel y condena a muerte conmutada por 30 años de reclusión. En este tiempo fue muy grande su sufrimiento, mayor que el de otros que no habían vivido la libertad del pastor en el campo, del muchacho testigo directo del nacimiento de las flores silvestres, del apareamiento y parto de animales, de refrescantes, desnudos baños en escondidas pozas...

Necesita moverse de nuevo, respirar la brisa salvaje de sus cerros, oler azahares, beber cielo azul sin muros, hasta volverse pájaro... Desde la prisión del Conde de Toreno escribe con tristeza a Josefina, a pocas fechas de la sentencia de Muerte:

Herido en el alma porque ha llegado la primavera y casi se le ha olvidado en prisión cómo era por los cerros y las huertas del Segura, escribe líricamente Miguel (Las Cárceles):

"Cuando están las perdices más roncas y acopladas, / y el azul amoroso de fuerzas expansivas, / un hombre hace memoria de la luz, de la tierra, / húmedamente negro..."

Se da contra las piedras del sinsentido un hombre...

"Un hombre que ha soñado con las aguas del mar, / y destroza sus alas como un rayo amarrado, / y estremece las rejas, y se clava los dientes / en los dientes del trueno."

El preso levantino "que ha soñado con las aguas del mar" es quien ha escrito los románticos versos de la canción de hoy "Cerca del agua..."

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A TREINTA QUILÓMETROS DEL MAR...

Decepcionado por haber quedado excedente de cupo en la prestación del servicio militar, acude a Alicante, al Gobierno Militar, a ver si era posible lograr el ingreso o una rectificación, y así escapar del padre y de las cabras. Conoció en el tren a un joven periodista, Joaquín Hernández Quixano, que fue testigo de un importante acontecimiento en la vida de Miguel. Lo refiere José Luis Ferris en su hermosa biografía del poeta oriolano. Habla Quixano:

No haber descubierto todavía el Mediterráneo, tan próximo, por sus intensos estudios y el trabajo con el rebaño, no implicaba que no le gustara el agua. (En imagen, Miguel bañándose, en 1937, en una playa valenciana.) Explica Elvira, su hermana mayor:

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CERCA DEL AGUA PERDIDA DEL MAR

Y llegamos, finalmente, a la canción "Cerca del agua". La versión inicial de Hernández y la cantada por Serrat son, prácticamente, idénticas. Ha seleccionado Joan Manuel, como estribillo a repetir, el pareado "Cerca del agua perdida del mar, / que no se puede perder ni encontrar".

Para el preso condenado a años y años de cárcel, el agua del mar, verdaderamente, es un "agua perdida". Lo que no se ha perdido es la oscuridad de la mazmorra, la maldición de la condena. Pero tampoco los sueños de colores, el vuelo de la poesía, el indomable milagro de la esperanza...

Esta canción es un viaje difícil, imaginario, el que separa la celda del agua. "Es impresionante –comenta Serrat–, porque de la oscuridad se traslada a la luz, es una reafirmación de su libertad, quiere escapar al mar. Es todo un ejercicio de resistencia e imaginación."

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La deliciosa melodía de esta canción transcurre en permanente diálogo con el instrumento popular más querido de Miguel: la armónica. El músico Joan Albert Amargós, en esta pieza como en casi todo el CD, ha creado un notable juego de armonía y sencillez que enamoran.

Acaso porque resuenan por mi corazón ecos habaneros de la cercana Torrevieja, no puedo ocultar el movimiento de hombros que me provoca, como vaivén de olas al que Hernández era tan aficionado y tan maestro; como cuando, refiriéndose al pie de la amada, escribe: "A tu pie, tan espuma como playa, / arena y mar, me arrimo y desarrimo...", o al hablar de la pena y la rumia mental: "pena que vas, cavilación que vienes / como el mar de la playa a las arenas..."

Escuchemos ya el vaivén de olas, la serenidad del mar, el latido de un corazón herido de luz, en la canción "Cerca del agua" (pulsar aquí).

Y, a modo de epitafio, me permito citaros los últimos misteriosos versos que se conservan del probablemente ya enfermísimo Miguel Hernández (y aquí de nuevo aparece latir de olas): "Me tendí en la arena / para que el mar me enterrara, / me dejara, me cogiera, / ¡ay de la ausencia!"

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