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Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Ante la obra poética de José Emilio Pacheco ("Tarde o temprano", antología del año 2.000), no acierta fácilmente el lector curioso por qué poema iniciar su safari lírico, ya que los temas son tremendamente variados y sugeridores.
En el diálogo que mantuvo en la Casa de América con nuestro poeta mexicano, Luis García Montero da en la diana de la densidad y fascinación de tan singular parque temático: "el lector de "Tarde o temprano" recibe la impresión de que José Emilio Pacheco ha ido tejiendo una inmensa tela de araña sobre los más diversos elementos naturales y culturales, señalando la unidad última de la historia y las fronteras sentimentales de la condición humana. Caminando siempre hacia el centro de esa tela de araña para dar cuenta de todo lo que cae, está la conciencia poética vigilante de José Emilio Pacheco, una de las conciencias poéticas más intensas de la literatura hispánica contemporánea."
Entre las cosas que "caen en la red" están los animales (pulsar en los enlaces finales de este post). Muy interesantes los infantiles recuerdos que le llegan al poeta, y explican algo de la apasionada zoofilia del último Cervantes:
BREVE SABOR INTENSO SU CARNE NUEVA
Pero hoy picaron el anzuelo dos poemas de naturaleza vegetal. No sólo los animales sienten. También lo hacen otros seres vivos, digamos, por ejemplo, el nogal. Se describe el corazón blanco de las nueces como un cerebro humano ("hemisferios cerebrales que tal vez piensen / en una lengua incomunicable: el silencio").
Una vez más se identifica Pacheco con la callada víctima, humana, animal o simple fruto de árbol: "la bajamos a palos de los nogales / y trituramos sus tinieblas". Para cerrar verso con una terrible metáfora funeraria, tan del gusto del poeta, que así describe García Montero: "José Emilio Pacheco dialoga con la poesía y con la historia para definir el lugar que ocupa la poesía en la historia, y a partir de él asumir el paso del tiempo, las bellezas del mundo, los males de la sociedad y la presencia sigilosa o ruidosa del amor y de la muerte."
"HA MUERTO EL ÁRBOL PARA QUE YO SOBREVIVA"
Una segunda visita arbórea, un centenario tronco que arde en la choza para espantar los cuchillos de la noche, ("entre sombras que danzan allá afuera / y pasos de algo o alguien en redor / de la cabaña...") El árbol, "vivo hace cien años", consumará esta misteriosa noche un trascendente encuentro de luz, calor y fuego con el poeta (¡cómo me evoca la noche pascual cristiana!). A pesar de todo, nunca se detiene el tiempo. Pasa fugaz, reducido a cenizas y silencio...
MINAS CON FORMA DE PELOTA Y MUÑECA
Aunque cifras conocidas, nunca está de más repasar algún dato sobre las minas antipersonales y sus devastadores efectos. Se calcula que hay más de cien millones de minas repartidas en más de 64 países, la mayoría de África. Cada año más de 20.000 personas mueren o sufren traumáticas mutilaciones. Muchas de ellas mujeres y niños, población civil (una víctima cada veinte minutos).
Es verdad que en la "Convención de Ottawa" de 1997 se prohibió su uso, almacenamiento, producción y trasferencia... Pero también es cierto que muchos importantes países aún no lo han firmado.
Los tres títulos de hoy corresponden al poemario "Siglo pasado. Desenlace" (1999-2000), que coincide con el período más perverso de utilización de estas terribles bombas. Así las publicitaba una empresa fabricante: "Es mejor mutilar al enemigo que matarlo, ya que una persona minusválida supone un coste económico, social y moral mucho más duro que el de una persona muerta." No es de extrañar la indignación ética del poeta de la paz y la justicia:
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