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R. Montesinos 1. LA NUBE EN EL CIELO SE PUSO A LLORAR

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
03 jun 2013 - 08:48
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Contemporáneo de José Luis Hidalgo, del que acabamos de presentar y comentar un puñado de versos de "Los muertos" (pulsar), iniciamos hoy el acercamiento a otro lírico de excepción, no del Norte como José Luis, sino del Sur, de Sevilla, ciudad de Bécquer, los Machado, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda... y Rafael Montesinos, al que dedicaremos varias páginas del blog.

Seleccionamos este autor para Religión Digital, por su perseverante inquietud religiosa, como Unamuno, entre la duda y la fe. Fijaos con qué versos cierra su ultimísima entrega, "La vanidad de la ceniza" (Ediciones Vitrubio 2005) por las mismas fechas de su fallecimiento:

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Así describe Antonio Burgos a nuestro poeta de la melancolía y la gracia lírica: "Eterno niño de las nostalgias de Sevilla, contable lírico del libro mayor de las cosas perdidas, entre ellas los años irreparables de la infancia en un literario colegio de jesuitas, los mismos jesuitas del colegio de Juan Ramón o de Alberti, con naranjos de Sevilla en lugar de olas de marinerito de la bahía del Puerto de Santa María..."

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A DIOS LE GUSTA QUE LE PIDAN EXPLICACIONES

Leopoldo de Luis, poeta y crítico prestigioso, destacó igualmente como antólogo de Poesía Social y Religiosa. No podía faltar el buen hacer del lírico sevillano, doblemente galardonado con el Premio Nacional de Literatura: en 1958, por el poemario "El tiempo en nuestros brazos", y en 1977 por el ensayo "Bécquer, biografía e imagen".

A solicitud del autor del florilegio, redactó Montesinos su personal "Poética". Así se expresaba: "Entre las melifluidades de ciertos cantores y ese recio enfrentarse de Unamuno con Dios, prefiero esto último. Lo considero más honrado y "religioso". A Dios le gusta que le pidan explicaciones, incluso desde la resignación a regañadientes, como en el verso de Antonio Machado: "Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía". Aunque publicó versos en la revista "Garcilaso", su talante liberal le llevó a expresarse con acento muy personal, difícilmente clasificable.

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EL PARAÍSO DE LA INFANCIA

Nacido en 1920, su estancia sevillana transcurrió feliz. Pero le sorprendió la guerra civil con 16 años. A los 18 ya vestía uniforme militar. Subtitulado "prosas en memoria de la niñez", nos ha descrito, en "Los años irreparables" (Madrid 1952), sucesos y sentimientos de aquella época que marcaron toda su vida. De momento, nos centraremos en una de las experiencias cumbre: su loco amor, a los 15, hacia una muchacha de 20. Esta pasión se prolongó cuatro años y jamás se apagarían sus rescoldos.

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ÁNGEL DE MI AUSENCIA, DULCE COMPAÑÍA

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Cuando, en 1941, se traslada con su familia a Madrid le anegará el corazón una tristeza, una soledad infinitas. Con ingeniosos y desenfadados versos, que muchos calificarían de frívolos, se desahoga el torturado amante, convirtiendo literariamente a su antigua novia en ángel soñado de sus noches. El texto está tomado de la 1ª edición de "El libro de las cosas perdidas" (Halcón 1946):

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No me resisto a transcribir la simpática definición de la poesía de Montesinos que leemos en Federico Carlos Sáinz de Robles: "Rafael Montesinos ha de quedar incluido en el mejor y más trascendental neopopularismo. Como buen andaluz, es gracioso, colorista, garboso, originalmente paradójico e imaginativo, cálido, noblemente estoico. En Montesinos se inicia un retorno al romanticismo más intenso y cálido, con decidido acento actual."

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¡EL OLIVAR AQUEL!

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Olivos-Malaga8
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En esta primera etapa lírica de búsqueda de expresión, reproducimos una oración, “Tú lo sabes, Señor”, de hondo sufrimiento. Evoca el poeta sevillano su primer amor y recuerda momentos felices bajo las ramas de un olivar. Reprocha a Dios que le mirase con indiferencia, y hasta con enfado culpabilizador. (Referirá en “Los años irreparables” cómo el Padre Espiritual del Colegio le conminaba a abandonar su temprano noviazgo.) En el poema “La adolescencia” nos dejó escrito, evocando la tentación del Paraíso y su indigesto fruto: “Mi corazón soñaba que era el mundo / una granada abierta, / pero Dios no lo quiso, abrió mis ojos. / El corazón regresa, / peregrino mortal, al pecho mío, / herido y sin defensa.”

Fantasea Montesinos, en los versos de “La novia”, el “tiempo / aquel de los jardines, de las fuentes, / las palmeras y el viento...” Y se llena de dolor, porque recrear, revivir aquella historia de pasión, le incapacita para amar en el presente: “Desierto / dejas mi corazón de otros amores, / mis labios de otros besos...” Recrimina, finalmente, al Señor, en el soneto de hoy, el daño causado por su prohibido amor: “Señor, Señor, ¿qué has hecho con mi vida?”

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