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Jacinto López Gorgé 1. PERO A VECES NO ESTÁS. Y NO TE SIENTO...

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Aunque nacido en Alicante (1925), Jacinto López Gorgé vivió la primera mitad de su vida (cuatro décadas) en el entorno de Melilla, Tetuán, Tánger, Larache... Fue miembro del “Grupo Literario de Melilla” de los años 50, creando y dirigiendo algunas revistas de la zona como “Manantial” (1949–1951) y “Ketama” (1953–1959) en edición bilingüe (árabe y español). Notable antólogo y crítico literario, publicó fundamentalmente cuatro poemarios, los dos primeros, “La soledad y el recuerdo” (1951) y “Signo de amor” (1954), desde el entorno melillense; los dos últimos, “Nuevos poemas de amor” (1972) y “Dios entre la niebla” (1973), en su nueva y definitiva residencia, Madrid, donde, desde su arribo en 1970, vivió otras cuatro décadas dedicado a las letras (dirigiría, por ejemplo, el Aula de Literatura del Ateneo madrileño).

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ANTOLOGADO COMO POETA RELIGIOSO

Aunque las colecciones líricas de poesía sobre Dios le han preterido, Leopoldo de Luis, en su documentada Antología de Poesía Religiosa (Alfaguara 1969), incluiría sus versos, nueve poemas, y un manifiesto explicativo de su lírica. De los dos principales temas que el poeta alicantino cantó en su poesía, Dios y el amor, seleccionamos hoy tres sonetos sobre la búsqueda de Dios. Difícilmente encontraremos un texto introductorio a estos versos más sincero y expresivo que la siguiente confesión de su Poética:

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DAME, SEÑOR, TU MANO GUIADORA...

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En el poema "Dónde la luz", le gustaría al poeta experimentar el deslumbre de una fe que derriba del caballo, como a Saulo. Quiere la luz del saber, necesita asir la Mano de Lazarillo del Señor, que le conducirá a la "vida verdadera", donde la muerte es salvación. Le urge oír la Voz de Dios ("responde de una vez"), sentir su Viento, la energía de su Espíritu... Perdió la fe de niño, y desde el desamparo de hombre arrojado al borde de la Nada, llora su soledad, su luz perdida ("y ya no tengo Dios para adorarlo").

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Imagen www.holyart.es

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Y NO TE SIENTO

POR MÁS QUE ROZO TU AMOROSA MANO...

No todo es búsqueda y soledad. Alguna vez la oración es encuentro ("Estás aquí, te siento"). Pero otras, jugando al escondite, desaparece el Señor ("Y no te siento / por más que rozo tus amorosas manos"). El poeta creyente no se desanima. Y lamenta que, a pesar de dedicar al Señor las primicias del día, no siempre se encuentra con Él. Se entristece porque a veces, muchas veces, le "busca en vano"...

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AMAR, AMAR Y AMAR, Y NO ESTAR SOLO...

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El presente poema expresa la soledad de un hombre que, si lúcidamente comprende, desde la cabeza, la necesidad de "amar, amar, amar, y no estar solo", en el fondo del alma, en las mazmorras de su cárcel de angustia, se siente solitario antes que solidario, "apartado de Dios y de los hombres". Apartado de Dios..., de cuya existencia duda, de cuya amorosa presencia titubea ("mi sed no tiene a nadie por testigo"). Y, aunque a veces reza, y a veces ama, confiesa que... "solo estoy con mí mismo y con mis preces".

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