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Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Cuando nos encontramos, en un libro de versos, un poema largo, solemos aparcarlo para otra ocasión. Ocasión que no suele llegar nunca. Por eso intento en Nido de Poesía presentar títulos breves, fáciles de disfrutar y hacer nuestros. Pero a veces no hay más remedio que hincarles el alma. Así me ocurre con el poema de hoy, que Mauleón escribe para su hermano Eduardo, "muerto el 3 de diciembre de 2005", a dos meses del fallecimiento de la madre, que no logró sobrevivirle mucho tiempo (16 febrero de 2006).
Como un poema de casi 80 versos no suele ser cómodo para quien siempre anda corriendo en pleno siglo XXI, me he permitido reproducirlo en porcioncitas, a ver si así nos lo bebemos a sorbos como aves a orillas de la fuente.
Y un terremoto recorrió las paredes de mi piso...
Dos muerte íntimas le sucedieron a Jesús Mauleón entre 2005 y 2006: su madre y su hermano. Eduardo se fue antes: ¡cuántos recuerdos, sobre todo de infancia...!
Me vais a perdonar que cite unos versos de César Vallejo del poema "A mi hermano. In memoriam", que así se cierra: "Miguel, tú te escondiste / una noche de Agosto, al alborear; / pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste. / Y tu gemelo corazón de esas tardes / extintas se ha aburrido de no encontrarte. / Y ya cae sombra en el alma. // Oye, hermano, no tardes / en salir. Bueno... Puede inquietarse mamá."
Para leerlo completo, pulsar, con fondo musical, aquí.
Y ahora ya podemos adivinar y sentir algo del hondo dolor de un poeta de hoy que pierde y llora a su hermano:
A tu adicción extraña, peregrina de historia y de misterio...
Muchos inspirados poetas cantaron el amor a la madre y a los hijos. Pocos, el fraternal cariño, sobre todo entre hermanos varones. Parece útil y necesario expresar, no sólo con hechos solidarios sino también con palabras y gestos de ternura, el amor horizontal de consanguíneos.
Esta necesidad de decir que se les quiere antes de perderles, está enfatizada en el PPS "Si yo tuviera vida...", que hemos realizado para la web "Nido de Poesía" (pulsar).
Igual que cuando anciana la sacabas al parque...
Eduardo: te has sentado, por fin, a la mesa abastecida de felicidad, ya disfrutas la Luz de la Gloria final que Dios ha preparado para sus hijos.
Y encontraste a la madre. Ya estaréis paseando sin reloj, jóvenes ambos, por los jardines del cielo...
Me guía, me perdona, me regala...
Permaneció el poeta demasiado tiempo mirando hacia arriba, como los Apóstoles en la Ascensión. Pero ahora también, como ellos, escucha voces blancas de ángeles: "¿Qué haces ahí mirando al cielo?" (Hechos 1,11). Mauleón sigue en tierra. Y descubre a Jesús respirando a su lado, Vivo y Santificador, acercando cielo a las fatigas del camino...
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