Fina García Marruz (8). "EN LA MUERTE DE ERNESTO CHÉ GUEVARA"
Dentro de la producción lírica de García Marruz no debemos ignorar sus poemas sobre tema sociopolítico. No sé si con acierto o desacierto, acaso también por su notable extensión, no suelen figurar en sus antologías. En reciente artículo, escribe Rodriguez Marcos:"Su escasa producción –apenas una decena de títulos– está atravesada por una espiritualidad ajena a todo hermetismo que –entre Cristo y el Che– dialoga en ocasiones con versos de gran carga política. La suya siempre ha sido la obra de una escritora católica en la Cuba castrista..."
DOS IMPORTANTES TESTIMONIOS SOBRE ESTE EXTENSO Y COMPROMETIDO POEMA
Citaré algunos títulos:"A los héroes de la resistencia", "En la muerte de Martín Lutero King", "Al presidente Ho Chi Minh". Y, sobre todos, de él hablaremos hoy, "En la muerte de Ernesto Ché Guevara". Quisiera señalar, de entrada, dos importantes testimonios sobre este extenso y comprometido poema. El primero se refiere al volúmen II de la Antología de Poesía Hispanoamericana "Hombre y Dios" (BAC 1996): Así se expresan sus autoras:
La otra valiosa información se refiere a José María Valverde en su epístola a la autora de estos versos, con fecha 9 de enero de 1971:
Dada la extensión del poema completo en sus cuatro cantos, nos reduciremos a señalar algunos versos más significativos, aunque totalmente insuficientes, del segundo tiempo: "Responso". En tono elogioso enmarca Juan Nicolás el sentido último de este "magnífico oratorio" (Eliseo Diego):
"El tono íntimo y confesional, vinculado a la profunda religiosidad católica de la autora, le otorga una devoción que lo acerca a la plegaria, y su elaboración estilística recuerda el réquiem. Lo más conmovedor de esta pieza es su franqueza, tan desgarrada y sutil, y sus silencios, los más expresivos y perturbadores que se haya permitido la poesía cubana; ahí subyace la espiritualidad de la auténtica naturaleza de la poetisa, y la humildad al reconocer que su anterior valoración del Che partía de las palabras que una vez aquel dijo y que su cristianismo no le permitía aceptar."
"CUANDO DIJISTE QUE ERA PRECISO CONVERTIRSE EN UNA FRÍA MÁQUINA DE MATAR..."
Comienza el "requiem" presentando al personaje con rasgos contradictorios: duro, pero solidario. Se refiere en el texto a la batalla última en Santa Clara, definitivo triunfo de la Revolución:
En los versos siguientes alude la poeta cubana al Manifiesto de Montecristi, de José Martí, firmado el 25 de marzo de 1895, declaración de independencia de Cuba donde se diseña una república democrática de justicia y amor no de odio, de respeto y convivencia:
Expresa Fina la confusión de los primeros momentos al conocer la noticia de la muerte del Ché. Sorpresa. Dudas... Hasta que van llegando a los medios las terribles fotografías... Y se empatiza con el sufrimiento del torturado...
"EL MISMO DESPOJO DE LAS ROPAS DEL DEJADO A PURO PECHO..."
En su viaje de 1952 por el continente, pasó el Ché tres semanas en el leprosario San Pablo de Perú, a orillas del Amazonas. Todavía le recuerdan. Vivía el personal sanitario a una orilla del río y en la otra los leprosos. Pero Guevara se queda una noche a dormir en una choza del poblado maldito, rehusa utilizar los guantes de goma para reconocer a los enfermos y les ofrece su mano desnuda, juega con ellos al fútbol... La película "Diarios de motocicleta" (2004) rememora esta atención hacia los leprosos, habitual en él:
Quisiera creer que Fina se esfuerza por comprender al comandante, llegando a afirmar que es “más duro que morir, ser puro y soportar darle la muerte a otros.” Lo que sí me parece hermosa es la enumeración de pequeños grandes detalles de atención del Ché –“la fría máquina de matar”– hacia otros seres humanos:
Tenemos que detener ya el escrito. Y eso que sólo hemos dibujado unas breves pinceladas del tremendo oratorio. A quien le gustaría profundizar, le sugiero estudiar directamente una amplia edición de parte del extenso poema de Fina(pulsar) y, acaso también, curiosear el comentario inteligente y emocionado de un buen crítico(pulsar).
Mi impresión final es que, cristiana, y por tanto partidaria de la bondad y el diálogo más que de la violencia (“cuando dijiste que era preciso convertirse en una máquina de matar, retrocedimos espantados...”), ha sido deseo de Fina García Marruz, desde su más honda entraña de poeta, dejar testimonio escrito de su admiración por la generosa y tenaz dedicación de Guevara al servicio de pobres y marginados, hasta dar la vida, como Jesús, por esa entrega. A lo mejor hubiera sido más acertado, por mi parte, silenciar estos inquietantes versos, como ha hecho la antología “El instante raro”. Pido disculpas.
¡Ah, con esta página, la octava de la serie, me despido de los admiradores de Fina, para encender de nuevo, en el Nido, el calor de nuevos poetas, de nuevos primaverales versos...!