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Con los brazos abiertos y sonrisa acogedora nos recibe hoy en la imagen Francisca Aguirre, rodeada de cuadros de su padre, pintor pamplonés afincado desde pequeño en Alicante, que logró traspasar a sus lienzos la divertida fiesta de la luz mediterránea junto con la mística sobriedad de rostros y paisajes navarros. También observamos en la fotografía profusión de cassettes dispuestos a ambientar la creación poética ("Yo no podría entender la vida sin la música", confiesa Paca).
En la segunda parte de "Historia de una anatomía" (Hiperión 2010, pulsar), que la poeta titula "Anamnesis", en los versículos iniciales de "Datos biográficos" puede leerse: "Fue mi padre un hombre / alegre donde los haya. / Nació para pintar y eso hizo. / Nació también para disfrutar / y también hizo eso. / Amó en su vida varias cosas: / la pintura, la justicia y a mi madre. / Tuvo tres hijas / y eso lo convirtió en un hombre feliz..."
DESOLACIÓN Y ESPANTO DE UNA NIÑA DE DOCE AÑOS
Hasta la Guerra Civil (1936-1939) el hogar familiar fue extremadamente cálido, creativo y libre. Pero todo cambió en la batalla sin cuartel de las dos Españas. Policía en Madrid por oposición y afiliado en 1937 al Partido Comunista, Lorenzo Aguirre defiende la legalidad y trabaja con dedicación en su nueva y difícil situación profesional (una confidencia: por aquellas fechas mi padre también ejercía en el Madrid republicano como funcionario del Cuerpo de Policía).
Al terminar la guerra, tuvo que exiliarse la familia al completo, regresando al poco tiempo mujer e hijas, aunque, a finales de 1940, también el padre atraviesa la frontera y es encarcelado, primero en Hondarribia, San Sebastián, y más tarde en la prisión Porlier, de Madrid, donde, tras un juicio sumarísimo, es ajusticiado en 1942, acusado, al parecer, de Auxilio a la Rebelión. Digo al parecer, porque todavía el pasado julio se quejaba Francisca de desconocimiento del proceso:
Así cierra la poeta alicantina el poema "Datos biográficos" refiriéndose a su padre: "Pasará a la posteridad como / un magnífico pintor republicano / al que la dictadura franquista / asesinó en 1942 por defender / a un Gobierno legítimo. / Mi infancia son recuerdos de sus cuadros, / sus canciones su risa su amor por mi madre / y algunas horas terribles / que recordar no quiero." Acompaña este texto un magnífico cartel de Aguirre, de 1930, para las fiestas de san Juan de Alicante. Las tres niñas, Francisca, Susy y Margarita, son atendidas, en régimen de internado, en sucesivos colegios regentados por religiosas.
Para quien quiera conocer algo más del pintor Lorenzo Aguirre, padre de Francisca , sugiero tres enlaces: 1. Predominan carteles suyos (pulsar) 2. Circunstancias muy dramáticas (pulsar) 3. Wikipedia (pulsar).
"UN MAR DONDE LLORAR A MARES..."
Con todo lo referido hasta aquí pretendo introducir "Testigo de excepción" (del poemario "Los trescientos escalones"), uno de los más sinceros y dramáticos poemas que he leído nunca.
Este verano refería Francisca Aguirre la conmoción terrible que agitó su corazón un 6 de octubre de 1942, al recibir la noticia de la despiadada ejecución de su amadísimo papá:
La sensible poeta del Mediterráneo no encuentra otra salida a su dolor que llorarle al mar, que desahogar su infinita amargura por las olas amigas, fieles testigos de su feliz infancia:
Todas las citas de la galardonada Francisca Aguirre están tomadas de la magnífica entrevista en vídeo, de media hora de duración, que ofrece "ConoceralAutor.com" (pulsar aquí).
"AMOR DE MIS AMORES..."
El pececito sin agua ya encontró su mar. El pájaro sin aire voló hasta el nido. Hermosos versos de amor de una librepensadora de 80 años que no se avergüenza de declarar a su amado, a pocas fechas de las bodas de oro, que le quiere y le querrá hasta el último abrazo ("una mujer y un hombre gastados por los besos").
Hay ternura en la expresión, disfrazada de cierto tono conversacional frívolo y alguna gracieta de humor blanco. La alusión a Gerardo Diego, amigo de la pareja, y a su poema "Insomnio", nos evoca la genialidad del terceto final: "Qué pavorosa esclavitud de isleño, / yo, insomne, loco, en los acantilados, / las naves por el mar, tú por tu sueño." Es muy bella la puesta en escena que describe: ella navegando por el mar, por su sueño ("lo importante es soñar. / Soñar nuestro destino..."), y él anclado a tierra, como un árbol, como una roca... Podéis disfrutar otro poema muy similar de G. D., "El sueño", pulsando aquí.
"PORQUE ES MEJOR NADAR JUNTOS QUE A SOLAS..."
En el poemario "Ensayo general" descubrimos 32 sonetos a lo Siglo de Oro, fruto indudable de su admiración y amplias lecturas de clásicos como Quevedo o Lope. Hemos elegido, para ilustrar estos versos, la imagen de dos veteranas manos, juntas y acariciadoras. Impresionante parábola en los tercetos: dos náufragos que nadan, cercanos uno del otro, hacia la orilla. "Dame tu mano al borde de esta nada..."
Así cierra Francisca su poema "El tacto": "acariciar un animal me resulta tan familiar / como la certidumbre del fuego. Lo vivo quema. / Qué asombroso es confirmar que la vida hace daño: / apenas un roce y sangramos. / El tacto es como un vértigo / tira de nosotros como tira el abismo / y hay algo dulce e irresistible en su llamada. / Es el único río que regresa a su origen."
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