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Esta interesante fotografía del poeta de Oliva está tomada, muy probablemente, en su mansión de Elca, donde nació y vive con sencillez y pasión vital, rodeado de naranjos y palomas. El magnífico artista de esta composición ha sido Mikel Ponce, y forma parte de la serie "Retrato de personalidades valencianas". La luz parece nocturna, hora feliz del poeta elegíaco. O acaso, vespertina, mágico instante del sol cayendo al mar o escondiéndose por los bajos cerros de la tarde. Pero sería mejor escuchar al machadiano poeta de mirada crepuscular, que así nos explica su emoción al caer la luz y apagarse los valles:
TENÍA TERMINADO UN LIBRO, "DIOS HECHO VIENTO"
Disfrutó Brines de una infancia feliz. También la fe cristiana alegraba sus primeros años, llegando a cursar un aprovechado bachillerato bajo la exigente enseñanza de sabios jesuitas. Se fue paulatinamente iniciando en el placer de la lectura de poetas y la expresión escrita de ejercicios literarios.
¿Conservará todavía hoy Francisco Brines el personalísimo cuaderno de estos primeros versos? ¿Los conoceremos algún día? ¡Ojalá! La revolución ética y filosófica de aquellos juveniles años le fue transformando. Parece que no fue ajena al terremoto existencial su orientación de género que la iglesia y la sociedad de la época rechazaban.
"SIGUE EL SILENCIO, Y SÉ QUE ESTÁN HABLANDO..."
Cuando a los 27 años recibe el premio Adonais por su primer poemario “Las brasas”, ya tiene anidada en su sensibilidad una nueva concepción del mundo. Arden por “Las brasas” de sus versos los últimos rescoldos, los últimos latidos de su fe cristiana. Deja escapar, a veces, ráfagas de luz o de tristeza al recordar sus primeras certezas. Así, preside la sección "Poemas de la vida vieja", de su primer poemario, la siguiente reflexión:
Me gustaría presentar un poema que me conmueve intensamente. Se trata de “El teléfono negro”. Marca el poeta de Oliva un numero antiguo esperando respuesta. Con luz de amanecer, se refugia en el lecho. Y suena el teléfono. Pero no escucha voz alguna. Ni él mismo puede pronunciar una sola palabra...
"¿Y QUIÉN HAY QUE ME MIRE, Y QUE PUEDA SALVARME?"
Sordo y mudo frente a la Trascendencia, resuelve Brines vivir en la inmanencia, sin sueños de eternidad, sin ángeles ni oraciones. Aunque alguna vez eche de menos invisibles Presencias protectoras:
Preguntas sin respuestas... ¿Porqué el hombre es tiempo, "tiempo que gastamos, tiempo que nos gasta, que nos quita el ser"? En alguna medida, envidia el agnóstico al creyente, que es feliz en su ignorancia de la realidad, en su fantasía de una vida sin final...
SI UN CREYENTE LEE UN POEMA AGNÓSTICO...
Cerraré el post de hoy sobre la poesía de Francisco Brines y las religiones, con una reflexión extraordinariamente lúcida del poeta levantino: la conveniencia de leer poesía como recurso muy eficaz para el acercamiento y comprensión entre gentes diversas:
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