FRANCISCO BRINES. Versos que van a dar a la mar que es el morir...
En el cuadro que estamos contemplando, de Joaquin Patinir, observamos al barquero Caronte dirigiendo su barcaza hacia la derecha de la imagen, el Infierno. Transporta un alma por la laguna Estigia. A nuestra izquierda podemos apreciar el Paraíso, vergel regado profusamente por las milagrosas aguas del río Leteo; quien las bebiese olvidaría su pasado y obtendría la eterna juventud.
Virgilio, en el canto VI de la Eneida, describe líricamente tan escatológico drama, que Dante, en la Divina Comedia, actualizará escenificando capítulos de teología cristiana.
OTRA VIDA MÁS LARGA DE LA FAMA
Por otro lado, me gustaría referirme brevemente a las renacentistas coplas de Jorge Manrique. De los 480 versos de que se compone, elegiré solamente dos estrofas, como ejemplo de meditación angustiosa por la fuga irreparable del tiempo y la certeza inexorable de la muerte, tan esenciales en la poesía elegíaca de Brines:
Estas coplillas tienen algo de laicas porque, aunque aluden en algún momento a la vida eterna, elogian, sobre todo, la fama y el honor alcanzados aquí, más allá de la muerte:
YO TENÍA LOS OJOS VELADOS POR LAS LÁGRIMAS
Vamos a investigar hoy tres poemas sobre la fugacidd de la vida y la inevitabilidad de la muerte. El primer título, "La última costa" ocupa un lugar muy especial en la antología lírica del poeta valenciano. Da título al último libro de su Poesía Completa (1960-1997). Y representa la postrera meditación de la voluminosa antología (546 páginas). Relato en pretérito, como inexorablemente realizado, del último viaje en grupal barcaza hacia la niebla. Tristeza y lágrimas. Y la tierna mirada de la madre despidiendo al hijo que silenciosamente boga en frágil patera hacia la Nada...
RODEADOS DE LUZ Y FRENTE AL MAR
Viviendo ya el futuro, sueña Brines un apasionado encuentro en la luz de una playa, amantes que un día tendrán que separarse, aunque salvando el recuerdo feliz de lo vivido. Un final barroco, la muerte, sellará el amor, apagará la vida. Declara el poeta de la mirada crepuscular:
Placer y dolor son la luz y la sombra que acompañan al hombre, a la mujer, en su tránsito hacia la niebla final. Enciende el Deseo el corazón, energetiza y crea. La Realidad confirma la aventura, desvela nuevos senderos...
HAY EN LA MANO ARENA
Un último poema sobre amores de una noche, felices unos, que regalan oleadas de gozo en el recuerdo, desdichados otros, pero encendidos del deseo que buscaba la vida. Hay en la mano arena que se desliza y cae. Pero la eternidad de un mar insobornable da paz al alma que se deja acunar por sus azules olas...