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Claribel Alegría 3. MADRE TIERRA, MADRE CLARIBEL

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Veíamos en el poemario “Umbrales” (1997), algo así como la biografía lírica, a través de símbolos, de Claribel Alegría que, a la edad de 18 años, viaja a lo desconocido respondiendo a la invitación de una mariposa/hada madrina a realizar el sueño de su vocación poética. A lo largo de nueve episodios va relatando su fidelidad a la llamada y las crisis, umbrales, que ha ido sorteando hasta el reciente fallecimiento de Bud, su entrañable compañero (1995). Los nueve pasos han sido:

1. La Ceiba 2. El Río 3. Abeja Reina 4. Merlín 5. La Torre 6. Vasija y Fuente 7. La Coyota 8. Ojo de Cuervo y 9. La Mariposa.

Hablamos ya del primero y el último: La Ceiba y La Mariposa (pulsar aquí para recordarlos). Hoy nos detendremos en el poema 6. Vasija y Fuente, sobre el asombroso milagro de haber engendrado y protegido nuevos seres.

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CLAMOR DE GAIA

En los títulos de “Mitos y Delitos” (Visor, 2008), podemos leer nombres de personajes bíblicos como María Magdalena, Judith, Judas Iscariote…, y símbolos universales como Isis, Fedra, Prometeo encadenado, Faeton (hijo del sol)… También se refieren los poemas a Gaia, la diosa de la Tierra. De ella nos escribe la poeta nicaragüense en los versos de “Clamor de Gaia”, que seguidamente reproducimos.

Recuperando divinidades de la antigüedad, se habla hoy de la Pachamama de los antiguos pueblos andinos, de la Madre Tierra, de la diosa Gea o GaiaReconocidos científicos, asombrados por la inteligente y precisa autorregulación del Planeta que nos sustenta, imaginan que fuera como un organismo vivo que necesita protegerse, y sabe cómo hacerlo. Y así, se habla con seriedad, por ejemplo, de “la rebelión de Gaia”. Claribel Alegría, con sensibilidad que algunos calificarían de mística, en versos de su poema “Clamor de Gaia” se identifica con el sufrimiento de la Tierra.

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YO SOY LA MADRE TIERRA

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Identificándose con Gaia, le presta voz la feminista romántica, subrayando sus orígenes del agua y la luz, del caos y el viento. Es madre guardiana de la vida / y de la muerte” (en su seno recoge los muertos que reviven en flores o cipreses). Emocionan los versos finales de exaltación del Universo: declaración de amor al sol, a las galaxias, a pájaros y astros.

Pero será mejor escuchar directamente a la inspirada lírica que declaraba en El País hace dos años: “Ahora estoy haciendo un viaje cósmico. Ya no es el ‘Ojo de cuervo’ que me lleva a ver la masacre, la guerra de España, los instantes terribles, sino que ahora es como un viaje cósmico. He entrado mucho en la naturaleza que me rodea, en esa flor, en esa hoja, en el colibrí que viene para chupar la genciana. Es un anhelo de fundirme con la libélula, con la rana, con todo eso. Ahora siento empatía con el cosmos.”

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MI VASIJA CRECIENDO YA SOY NIDO

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Con la metáfora inicial de Río de la vida, se inaugura la providencia del vientre materno flotando que “va esculpiendo un destino / en su interior” (¿evocación de la barquilla de Moisés?). A la embarazada mamá se le amontonan las cavilaciones. Y las alegrías: “mi vasija creciendo / ya soy nido / donadora de vida / cáliz / puente…” El corazón de la madre está creciendo, se abre a todo ser: hombres, bestias, aves, luna.

Aunque parió con dolor, al acunar a su pequeña, la nueva madre se siente acunada por la Madre Grande de todas las madres. Se descubre Claribel omnipotente diosa que modeló la perfección de su hija. Versos finales que trascienden la anécdota y encienden el misterio: “somos parte de un plan / que no comprendo / ni necesito comprender.” O bien, como escribiría un mediodía de pentecostés: “Soy una chispa / en la tierra / un desahogo fugaz / del corazón que nos piensa.”

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