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Llevamos un par de jornadas presentando poemas de Jorge Carrera Andrade. En vísperas de san Valentín, es un placer para nosotros levantar delicadamente el velo de la poesía amorosa del poeta ecuatoriano y ofrecer encantadores versos. El primero de ellos “Amor es más que la sabiduría”, figura en la “Antología de las mejores poesías de AMOR...” de Luis María Ansón, y ha sido recogido del poemario “Hombre planetario” (1959).
Descubrimos en él alguna imagen del Cantar de los Cantares como “tu cuerpo es un país de leche y miel”. Pero, sobre todo, en este libro, como en la producción lírica carreriana de segunda mitad de siglo, observamos, con Enrique Ojeda, la esforzada tensión “por encontrar un asidero de salvación frente a la angustia” y decidida “voluntad de restablecer la rota unión del hombre con la naturaleza”. La metáfora central de la mujer como fuente de vida, tan brillantemente expresada en Cantar 4,12 (“eres huerto cerrado, / sellada fuente”, pulsar aquí) se actualiza hoy en la ardiente jornada amorosa “hacia el origen / del manantial perdido...”
"ME ABREVO EN TU SEMBLANTE DE AGUA FRESCA..."
"LEÍDA Y RELEÍDA CON MIS CINCO SENTIDOS..."
Imaginamos la belleza de los “microgramas” como un relámpago fugaz. El flash de la metáfora se dispara un instante sobre un humilde ser y se apaga en la noche. El poema de amor “Cuerpo de la amante”, que presentamos a continuación sólo parcialmente (el próximo jueves lo conoceremos completo), nos describe con vigor el silencioso diálogo de la amada y el amante, del amado y la amante, encendido el cuerpo de la amante de ternura y metáforas: planta, fiera, astro, dios...; y también fuente y ola. Se dejará atrapar el poeta en su cárcel, naufragará en sus aguas...
En el segundo espacio, la boca es frutero y la mujer nido, caligrafía pródiga “leída y releída / con mis cinco sentidos”. Seguimos en lo alto; nos detenemos ahora en la cara oculta del rostro, la nuca, “liebre acurrucada debajo de las flores, en medio del torrente...” Territorio blanco, “pan redondo” de nieves y de plumas, “de una fiesta de albura”.
Acariciamos con el amante, finalmente por hoy, la melena y sus ondas, “agua lustral que baja acariciando peñas”. Quisiera ser árbol la cascada, “toda una selva en llamas”. La descripción es intensa, nos evoca el paisaje rural del Cantar de los Cantares (pulsar). Retrasamos lo más intenso, las secciones V, VI y VII, para el próximo jueves.
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