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Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
En 2005 publicó el Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra un volumen lírico con 327 poemas de Jesús Mauleón, que abrazaba medio siglo de buena literatura (1954-2005) del sacerdote poeta de Arróniz, miembro destacado del Nuevo Mester de Clerecía hispano. Firmó la Presentación, de 120 páginas, el profesor Tomás Yerro, que ha prologado de nuevo los últimos versos de Mauleón. Así resume el sentido último de la escritura de "Apasionado adiós":
LO MÍO ES ESTA PAZ DEL TIEMPO QUE SE ACABA
Un bello ejemplo de lo anunciado por Yerro es el poema "Lo mío es ya la tarde". Un símil taurino expresa gráficamente con intensidad la energía matutina del poeta que se levanta vivo y poderoso como toro en la arena. El sol, y su luz, simbolizaría al torero "en traje de luces". La tarde es reposada, tranquila: el poeta/toro se relaja y disfruta de paz. Y vive con mansedad y sin arrimo el capotazo del ocaso. Llegó por fin la noche y se acuesta, esperando, como toro indultado, el soleado redondel del nuevo día.
TÚ ME LO OFRECES TODO... Y YO PONGO EL VACÍO...
Misterioso y difícil es el diálogo del hombre con Dios, de Dios con el hombre: "Tú me lo ofreces todo, tu presencia inasible, / y yo pongo el vacío. / Cuánta la soledad y cuánto / tu amor que la abandona y la sostiene..."
Lo que más me ha emocionado del poema ha sido la temblorosa queja, primero reflexión personal, razonado lamento después... Han amado los místicos al Señor también con el cuerpo; suelen quejarse del silencio de Dios ("duele no oír la voz"), de su invisibilidad ("no ver nunca aquel rostro..."), de su inmaterial esencia ("Duele extender los brazos, / dirigir las manos, alargar los dedos / a lo que nunca tocan"). Se desahoga con el Señor el poeta creyente: qué dolorosa es, Dios mío, la experiencia de tanto y tanto amarte a solas...
QUE TÚ ERAS TAN SEGURO COMO EL SUELO O EL DÍA
Conmovedores versos donde, si inicialmente se recuerda célibe (ausencia de besos y abrazos de mujer, de caricias al hijo...), afirma que "nunca durmió en los brazos de la nada / ni adelantó su pecho a abrazar a las sombras". Se dirige a Dios y le habla pudorosamente de sí mismo en tercera persona. Declara el poeta que la casa del corazón no está deshabitada, que arde por sus salones la ternura de un Dios, Padre y Madre, cierto y poderoso, Amor primero y último.
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