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Antonio Colinas 1. LOS SILENCIOS DE FUEGO

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
13 jul 2018 - 14:52
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Aunque sin figurar en la nómina de “Nueve Novísimos” de Castellet, Antonio Colinas (La Bañeza, 1946) ha sido reconocido por la crítica como uno de los más preclaros líricos del movimiento culturalista, aunque muy a su aire: “novísimo heterodoxo”, “novísimo independiente...” A comienzo de los noventa, iniciará Colinas un tercer tiempo de su obra, donde apostaría definitivamente por la rehumanización de la poesía: lejos quedaba ya su “Sepulcro de Tarquinia”, celebrado premio de la Crítica en 1976.

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Desde siempre poesía y vida se entrañaron en sus escritos. A partir de “Los silencios de fuego” (1992), el paisaje interior, el abismo interior, fue tomando centralidad. Así lo explicita el místico poeta leonés:

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Contemplamos, a la derecha, la hermosa portada de su reciente “Obra poética completa” (Siruela, 2011), un generoso volumen de 968 páginas.

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Y OÍMOS LOS SILENCIOS DE FUEGO

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Con “Los silencios de fuego” (1992) inicia el poeta una importante tetralogía, continuada por el “Libro de la mansedumbre” (1997), “Tiempo y abismo” (2002) y “Desiertos de la luz” (2008). Del primer título seleccionamos hoy dos poemas: “La hora interior” y “Paraíso en la nieve”.

En “La hora interior”, meditación y silencio se integran armoniosamente. Inspirar y espirar, ejercicio físico consciente acompañado de visualizaciones, ayudará a la relajación, integración físico-espiritual y, ¿por qué no?, a la expansión del ser hacia la Naturaleza, hacia el Cosmos. En el intercambio de energía, se inspira luz que, transformada en amor, revertirá en “lumbre gozosa”. También en el cristianismo primitivo se acompañaba la respiración de sentimientos de acogida y entrega...

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SE ALIGERA EL CUERPO Y EL ALMA

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Nos devuelve “Paraíso en la nieve” al silencio. Cae la nieve, pureza, "nueva vida", en densos copos. “Los sientes en el rostro como un don.” Luchan el bien y el mal, lo blanco y lo negro, el pecado y la gracia. Se aligera el cuerpo, se enciende el alma... Al fin, ya todo es blanco. ¡Paraíso en la nieve!: ¡Adán y Eva recién creados! La nieve, que todo lo cubre y vivifica, se ha convertido ahora en materia bautismal. “La luz es una zarza que llamea”, la zarza de Moisés, Presencia del Dios Vivo...

No por casualidad proliferan, por navidades, paisajes nevados, firmamentos ardientes, sacramentos de Presencia. Hace años me impresionó un mágico soneto de Martín Descalzo sobre la religiosidad de un campo nevado, y lo trasmuté en imagen y sonido de PPS (podéis curiosearlo pulsando reposadamente aquí).

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