Antonio Colinas 4. CON EL DIOS ESCONDIDO
Después de dos etapas primeras, emocional y metafísica, con la trilogía de la poética de la mansedumbre (“Los silencios de fuego”, “Libro de la mansedumbre” y “Tiempo y abismo”) evoluciona Antonio Colinashacia una poesía “más humanista y más sencilla, de vuelta a la realidad, al ser humano, a los temas vivos.” En la página de hoy nos interesamos por “Tiempo y abismo” (1999–2002); como se observa por las fechas de escritura, corrían años de fatigado fin de siglo y expectativas de nuevo milenio...
Explica Colinas cómo surgió esta obra: “El desencadenante de este libro fue la muerte de mis padres. Fue una etapa muy difícil en la que primero falleció mi madre, luego mi padre. Es un libro también significativo para ver cómo nace la escritura. Yo he explicado que al día siguiente del funeral de mi padre nace el primer poema...”
UN LIBRO DE TONO MUY FUERTE
El poeta bañezano reconoce que en “Tiempo y abismo” existe un proceso de viaje hacia la plenitud, que se expresará con mayor compromiso en su tercera parte (“Clamor del más allá”), donde, aunque se hable de silencio, se trata de un silencio y un vacío plenos, de un libro de tono muy fuerte, muy grave a veces, muy directo. Conoceremos, a continuación, dos interesantes poemas representativos de esta comprometida etapa con la vida en su misterio y su espiritualidad.
UN HOMBRE LLEVA AL CEMENTERIO EL CUERPO DE SU HIJO
El presente poema, “La corriente insondable” (la vida y muerte que se perpetúa como un río a través de generaciones) nos describe el desgarrador drama de un padre que acompaña en soledad al cementerio a su niño muerto. Ambos progenitores permanecen unidos en “la serenidad trágica y salvadora” que atormenta y consuela su perplejo corazón. Se pregunta el padre enterrador por el más allá de su hijo y de su propia esperanza: “¿Hacia qué luz tan pura o tan terrible / se hunde lo que un día fuera amor? / ¿Qué corriente insondable de misterio / tiene que arrastrar...?” Preside hoy el poema el dramático abrazo final de una madre a su hijo muerto, creación de la artista alemana Käthe Kollwitz (1867–1945), que con sensibilidad religiosa ha sido popularmente bautizado como “Pietá”.
El propio Antonio Colinas, refiriéndose al poemario “Tiempo y abismo”, que multiplica la palabra “muerte” en sus versos no menos de sesenta veces, ha comentado: “Uno de los grandes temas poéticos es el de la muerte; o, como yo prefiero decir, el del más allá, es decir, todo aquello que el ser humano desconoce, que suele ser mucho. Entre otras muchas cosas, el poeta tiene por misión hacerse esas preguntas decisivas. A veces, hasta obtiene algunas respuestas, un poco de luz. La palabra poética puede ser, en este sentido, una vía de esperanzada plenitud. La palabra, en el verso, resulta a veces salvadora.”
AMOR QUE ENCIENDE MÁS AMOR
Antologiza el poeta leonés, en su antología de poesía amorosa “Amor que enciende más amor” (Plaza & Janés, 1999), un generoso ramo de tiernos versos. Observad su bonita portada: un racimo oscuro de uvas (oscuro como lo misterioso, lo profundo, lo mágico). Me vienen al corazón algunos versos del Cantar de los Cantares: “Son tus pechos como racimos de uva” (Cantar 7,9) y “Ay, tu boca es vino generoso” (Cantar 7,10). Pero asomémonos ya al poema “Con el Dios escondido”, donde atisba el poeta una Presencia que “va y viene en silencio como música” en el arrobamiento que trasciende la cotidianidad.
DIOS NOS ENVUELVE COMO FUEGO
Una mujer y un hombre arden en su silencio. Desgrana el enamorado poeta sus versos como cuentas de rosario: este lugar es sagrado, acaso la danza de la llama sea la respuesta del Amor. Hay entre tú y yo atmósfera gozosa, pues “algo viene y va entre nuestros cuerpos”, entre nuestras almas. “Acaso lo que fluya de manera tan dulce / sea ese otro silencio / del Dios desconocido"... / que "nos envuelve como fuego...”.