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Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Iniciamos el tema de hoy con la relajada imagen del poeta en el patio de su casa de Fuente Encalada. Y evocamos el afecto de los vecinos que le nombraron hijo adoptivo y dedicaron una calle con su nombre. En aquella ocasión, tenía tanto que agradecer que se enredó su voz: “No sé qué decir, pero tendría mucho que decir…”, y se puso a contar anécdotas de su infancia: “Nací en La Bañeza, pero a los seis meses de vida volví a nacer en Fuente Encalada… Mi madre enfermó, y vine aquí con mis tíos y mis abuelos. Por eso se puede decir que hace 64 años volví a nacer por esta vecindad. Y así reitero, como dijo ya otro ilustre personaje, que nací a la vida en La Bañeza, y a la luz en Fuente Encalada.”
En entrevista posterior, evoca con fervor Colinas su felicísimo descubrimiento de la naturaleza por aquellos campos de Dios: “A mi entender, la infancia es clave para el poeta. En ella es donde se dan las primeras “contemplaciones”, en el sentido que Fray Luis de León concedía a este término, contemplar templarse-con. Sobre todo, si la infancia fue feliz, e inmersa en el medio de la naturaleza, la experiencia es muy viva. Así fue en mi caso. Yo pasaba en esa casa, muy modesta, de mis abuelos todos los veranos de mi infancia y de mi adolescencia y allí contemplé esos signos y señales, esos símbolos, que luego tanto nos ayudan a vivir. De esas contemplaciones nacen las raíces que luego nos nutren.”
CANCIONES PARA UNA MÚSICA SILENTE
Al dar a conocer su “Obra poética completa” (Siruela, 2011), al tiempo que informa que entrega al lector los dieciséis libros hasta entonces publicados, Antonio Colinas confiesa que su producción lírica no se detiene y sigue y seguirá expresándose con absoluta libertad como poeta vivo en búsqueda y esperanza. En 2014, siendo fiel a sus valores de siempre (emoción, intensidad, pureza formal, musicalidad, sentido universalista, humanismo…), nos presentó “Canciones para una música silente”, que contiene unos ocho grupos de versos muy variados donde el poema largo, tendente al irracionalismo («El soñador de espigas lejanas») se funde con otros extremadamente realistas («Siete poemas civiles»), y ellos, a su vez con secciones («Un verano en Arabí», «Valle de Sansueña» o «Llamas en la morada») que buscan la sencillez y la claridad, el sentir y el pensar en los límites.
Dedicamos dos entregas a presentar algún ejemplo de versos sencillos, breves, sugerentes, seleccionados, hoy, de “Valle de Sansueña”, y el próximo día, de “Llamas en la morada”, los dos últimos grupos que dan nombre al libro: “Canciones para una música silente”.
VALLE DE SANSUEÑA
La sección “Valle de Sansueña” nos regala 25 poemas, escritos hoy por el niño, el adolescente de entonces. Cambiaron tantas cosas en este valle… ¿O es que el poeta de hoy contempla el paisaje con ojos nuevos y descubre misterios desde el alma con renovado corazón? Algunos títulos: Fuente, El eco, La piedra, Arqueología de la luz, En la fragua, Gorriones, Cumpleaños, Solsticio de invierno, Despoblado…
En los versos de “Un río, un monte, aquella mar”, el buscador de trascendencia unifica experiencias: lejos del Mediterráneo, lejos de Ibiza, acaricia la pluma y derrama su sensibilidad en el Valle de Sansueña. Así comienza: “Aquel río y sus sotos de álamos / tienen la forma de mi alma. / Aquella isla, y ninguna otra, / tiene la forma de mi alma. / Aquella ciudad, y ninguna otra, / tiene la forma de mi alma. / ¿Y este valle? // Nos debemos al lugar / del corazón…”
PINO GRANDE ABATIDO COMO RAYO NEGRO
En agosto de 2012 se originó un enorme incendio en Tabuyo del Monte (León), que destruyó más de diez mil hectáreas de arbolado, tras 18 días de infierno. Se calcula al menos medio siglo para la recuperación. Entre las pérdidas se inventarió el derribo por el fuego del bicentenario Pino Gordo de Vallefondo que podéis observar en la fotografía. Afectado por este suceso, imaginamos, el ciudadano Antonio Colinas se sentó una noche a escribir, le fluyó la inspiración y nos entregó la música de sus versos bajo el título “Vallefondo”.
LE SEÑALAS AL HOMBRE TU HUMILDE RESISTIR
Observador de la vida, reflexiona el poeta sobre el enigma de la “Germinación”. Ya lo señaló Jesús como asombroso misterio: “Si el grano de trigo no cae en tierra, y no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Juan 12, 24). Nos presenta Colinas el fenómeno natural en diciembre, cuando, recién brotado, tierno, resiste la helada blanca (se cubre de escarcha, hielo) o la helada negra (sin humedad ambiente, no hay protección, se produce una cubierta negra, mortal para cualquier cultivo). Nuestra sabiduría popular lo expresa en verso, cómo no: “Si no nieva en Nochebuena / no hay sementera buena.”
Asciende la savia hacia lo alto (“un dios debe de haber en sus raíces”). Resiste el frío, y un día será ofrenda amarilla en la era… Moraleja final: confiar en la sabiduría del ser, “que es algo más que vida amenazada”.
DETRÁS DE LA ÚLTIMA PUERTA ¿HABRÁ SALIDA?
Que la vida es un laberinto, no cabe mucha duda. Tenemos tantas veces al día que escoger entre dos o tres puertas, dos o tres opciones, dos o tres caminos… Al final del laberinto de nuestra vida fantasea el poeta leonés tres decisivas puertas. La primera, de oro, silenciosa (hasta los pájaros están dormidos en sus opulentos cedros). La segunda, en penumbra, nos muestra un muro con el saludo franciscano “Paz y Bien” (“palabras dulcísimas que sanan”).
En soledad profunda, nos ofrecerán una tercera y última puerta misteriosa que no podremos abrir, porque no es todavía el momento. La solución final al laberinto de la vida que se sugiere es nada más y nada menos que haber sido pacífico (PAZ) y bondadoso (y BIEN). Más o menos, examinarnos si hemos cumplido positivamente la parábola de Jesús que algunos llaman de los ateos (Mateo 25, 31-46): “tuve hambre, tuve sed, estaba desnudo…”.
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