Amtonio Colinas 8. RECIBE EL PREMIO REINA SOFÍA
El 25 de noviembre de 2016 recibe el poeta Antonio Colinas el 25º Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante en su género en lengua española, dotado con 42.000 euros y la edición de una antología de su obra, cuya portada nos acompaña, de títulos seleccionados por el poeta, más como lector que como autor de su propia obra, escogiendo con cierta preferencia poemas de su etapa de madurez, más emocionales e intimistas.
La portada de “Lumbres”, el nombre de la nueva antología, está ilustrada con una foto realizada por el propio Colinas al volver de un paseo. En ella se ve un campo de trigo mecido por el viento y unas nubes borrascosas aproximándose desde el horizonte. Sacó la foto con su móvil sin ninguna pretensión, pero a posteriori la interpreta demostrando el alcance de esa mirada ingenua y honda: "Es una fotografía llena de símbolos. El trigo representa lo telúrico, también aparece lo celeste y las nubes pueden simbolizar la vida que fluye". Dentro del libro hay también una colección de fotografías que para el poeta constituyen "una geografía del alma".
MUSITAR EL POEMA COMO PLEGARIA
Dos preguntas y dos respuestas
¿Elementos comunes, temáticos o vitales, que aparecen en mis obras?
“La fidelidad a la propia voz por encima de las dificultades, la poesía como una vía de conocimiento y búsqueda de la plenitud de ser, el amor, la naturaleza, el tiempo, la muerte, lo sagrado. Este último concepto es una aspiración que acompaña a los humanos desde el origen de los tiempos, traspasado de sincretismo, que nada tiene que ver con el trasnochado y decimonónico anticlericalismo español.”
¿Novedades que presentan mis últimos trabajos líricos? “Se van reduciendo de tamaño y van tomando el aspecto de canciones, porque, en el fondo, el viaje del poeta es un viaje hacia el silencio, un viaje hacia la página en blanco otra vez.”
No me resisto a reproducir el breve pero intenso poema que cierra, hasta el silencio, las luminosas meditaciones de “Canciones para una música silente”:
QUE PERDURE ESTE INSTANTE
En la sección “Manantial de la luz” del “Libro de la mansedumbre” (1997) encontramos el hermoso poema “Los últimos veranos”. La primera palabra que nos saluda es “Padres”: el poeta bañezano declara a sus progenitores un creciente amor a medida que se acerca el tiempo de la despedida. Pero no: celebremos ahora la fiesta de la ternura (“los más bellos años míos”). Vamos a disfrutar el tiempo de su compañía: a estirarlo, eternizarlo… “¿Y qué daría yo por detener / esta luz de los últimos veranos, / las auroras de oro de nuestras vegas?... / Esperad, y que sienta / temblar un día más vuestras dos vidas… / junto a los ríos de mi adolescencia… / Que perdure este instante… / ¡No atraveséis aún la frontera infinita!”
Nota final: confesará el poeta que el desencadenante del dramático poemario “Tiempo y abismo” (2002) fue la muerte de sus padres. “Fue una etapa muy difícil en la que primero falleció mi madre, luego mi padre… Yo he explicado que al día siguiente del funeral de mi padre nació el primer poema…”
ME HE DEJADO CAER SOBRE EL SUELO
En primera persona, como meditación, como experiencia, como conocimiento, el poeta de “Canciones para una música silente” nos presenta la “Canción XXV”, relato espiritual apoyado, como es costumbre, en símbolos de la naturaleza: soy la última hoja de un árbol que, seducida por la música callada del corazón, se abandona al viento y a la tierra.
Pero al caer, ¡sorpresa!, levita como un santo, como un ángel. “Mientras mi ser no cesa / de trazar círculos de silencio” asciendo, en sublime paz, sobre las aguas del lago, el humo de las chimeneas, “por el espacio celeste”. El ansia de infinitud enciende las brasas de la intimidad, se recorre la tierra, el universo, en viaje de misterio y plenitud.