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Education, Sport, Our Rights, la atleta mostró valientemente al mundo su coraje
(Vatican News).- La velocista afgana Kimia Yousofi, de 28 años, sabía que no tenía ninguna posibilidad de superar la ronda preliminar de los 100 metros en la pista olímpica: llegó distante (pero no última) a 13"42, no muy lejos de su récord nacional de 13"29.
Sin embargo, ganó la medalla, mostrándola valientemente al mundo nada más cruzar la línea de meta: inmediatamente se quitó el "dorsal" -con su nombre y su número de carrera- de la camiseta y lo giró ante las cámaras, señalando las cuatro palabras escritas en inglés, en tres colores, como los de Afganistán: Education (educación) en negro; Sport (deporte) en verde; Our Rights (nuestros derechos) en rojo. Un gesto que no han visto en Afganistán: las competiciones femeninas no se retransmiten por televisión porque el gobierno talibán las considera "escandalosas e inmorales" y entonces quién sabe cuántas chicas se dedicarían al deporte... A la propia Kimia no se la considera oficialmente parte del equipo olímpico porque en Afganistán sólo hay atletas varones. No hay mujeres.
"Tengo un mensaje para las muchachas afganas: no se rindan, no dejen que otros decidan por ustedes, ¡busquen oportunidades de libertad y de vida!". Kimia no se anda con rodeos: "Las mujeres de mi país quieren derechos fundamentales, como la educación, y también la posibilidad de practicar deporte", afirma, señalando que no se dedica a la política. Aquí, en los Juegos Olímpicos, puedo hablar con los medios de comunicación y ser la voz de las jóvenes afganas que no tienen la fuerza necesaria para hacerse oír".
"Lucho para que algo cambie en mi país, porque es mi tierra, mi gente, mi cultura, mi bandera"
En los Juegos de París, Kimia podría haber participado en el Equipo de Refugiados -vive en Sydney desde 2021-, pero eligió representar a Afganistán: "Lucho para que algo cambie en mi país, porque es mi tierra, mi gente, mi cultura, mi bandera".
Su historia "explica" su coraje. Nació en 1996 en Mashhad (Irán), en el seno de una familia que huyó de Afganistán durante el anterior gobierno talibán. "En 2012, cuando tenía 16 años, gané una selección de talentos deportivos reservada a chicas inmigrantes afganas residentes en Irán". Y así, recuerda, "regresé a Afganistán para entrenarme en atletismo, con la esperanza de tener la oportunidad de participar en los Juegos Olímpicos". Objetivo logrado en Río de Janeiro en 2016 y en Tokio en 2021 como abanderada. "Pero cuando los talibanes tomaron el poder en mi país, tuve que huir porque era una cara conocida en el deporte, incluso la abanderada, y me trasladé definitivamente a Australia", vía Irán, también con el apoyo del Comité Olímpico Internacional.
"La participación en los Juegos demuestra que el deporte es para todos, porque es un símbolo y una experiencia de esperanza, inclusión, igualdad, cultura y libertad"
Compartiendo el coraje de Kimia en París hay otros atletas afganos: las hermanas Fariba y Yulduz Hashimi compiten en ciclismo. Y está Masomah Ali Zada, de 28 años, jefe de misión del Equipo Olímpico de Refugiados - cinco afganos son miembros, tres hombres y dos mujeres - que participó en los Juegos de Tokio. "Solía montar en bicicleta, pero me vi obligada a abandonar mi país a causa de la guerra y la violencia, en medio de la discriminación y la desigualdad, con los derechos fundamentales denegados", relata.
Desde París, Kimia, Masomah y las demás atletas denuncian que a las mujeres afganas se les prohíbe hoy el acceso a la educación y al deporte. Pero, dicen, precisamente "la participación en los Juegos demuestra que el deporte es para todos, porque es un símbolo y una experiencia de esperanza, inclusión, igualdad, cultura y libertad".
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