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"La población civil es cada vez más víctima de los juegos de poder mundial"
(Vatican News).- Las monjas trapenses, desde su monasterio en la pequeña aldea maronita de Azeir, situada entre las ciudades de Tartous y Homs, en el centro-oeste de Siria, han denunciado a AsiaNews las duras condiciones de la población entre el conflicto, el embargo económico y la pandemia de Covid-19.
La población civil, dijeron, es cada vez más víctima de los juegos de poder mundial. Los sirios viven en una "situación insostenible" debido a la guerra y a las sanciones internacionales, armas de un "sistema mundial de finanzas y geopolítica" que "utiliza a los pueblos y naciones como 'piezas' para su propio interés".
La gente que nos rodea está muriendo de hambre y enfermedades - escribe la Superiora, la hermana Marta - ¡no porque haya un virus! Sino porque ya no pueden encontrar medicamentos para la diabetes, la hipertensión, el cáncer, las enfermedades cardíacas. Las farmacias están cerradas. Nadie importa materias primas y la producción de medicamentos está bloqueada. La lira siria - escribe la monja - pierde valor de hora en hora, así como los bienes.
Las Hermanas esperaban que Europa, viviendo un fuerte momento de precariedad debido a la propagación de la pandemia del coronavirus, comprendiera mejor la trágica realidad que viven los países en guerra y el impacto de las sanciones en una situación ya comprometida.
"Las sanciones son contra el pueblo", afirman. "Claro, quien decide imponerlas bien lo sabe", añaden
Aun reconociendo que los problemas del país no se deben únicamente a las sanciones y que la responsabilidad también recae en los líderes sirios, que deben atender adecuadamente el sufrimiento del pueblo, para las hermanas, permanece el hecho de que las sanciones "se han renovado", de hecho se han incrementado, y sus efectos negativos son visibles en la población civil, en "personas como tú y yo"; en "hombres, mujeres y niños... no políticos, no líderes". "Las sanciones son contra el pueblo", afirman.
"Claro, quien decide imponerlas bien lo sabe", añaden. Su objetivo es "empujar a la gente a destruir a los que gobiernan, conseguir lo que las armas no pueden conseguir". "¿Pero es moral usar el sufrimiento del pueblo con fines políticos?", preguntan.
Nosotras aquí, aunque estamos en un monasterio - concluyen - nos damos cuenta de que algunas personas están tratando de tomar otros caminos, una 'economía humanista' basada en la cultura, la moral, la visión humana... Por favor, sigan estos nuevos caminos.
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