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Pide cambiar el orden de lectura y no ofrecer la que pide a la mujer que se someta al marido
Annette Jantzen, teóloga, casada y madre de tres hijos, que trabaja en el Obispado de Aquisgrán (Alemania) y acompaña a mujeres en situación de vulnerabilidad, lleva años luchando para feminizar el lenguaje de la liturgia, que considera que es demasiado patriarcal, pero ahora acaba de dar un salto cualitativo al pedir que la segunda lectura de la carta del apóstol Pablo a los Efesios, que se lee mañana en todas las misas, y donde se pide que la mujer se someta a sus marido, no debería ofrecerse en los servicios religiosos.
“Esta sección de la carta a la comunidad de Éfeso, escrita en un momento en que el orden social patriarcal ya había penetrado profundamente en las comunidades, ya no es adecuada como lectura de las Escrituras en los servicios religiosos”, escribe la teóloga en su blog, alojado en la web de la diócesis germana.
“La forma adecuada de afrontar este texto sería dejar de recitarlo”, sostiene Jantzen, que defiende que eso no supone una censura de la Biblia. "Somos nosotros mismos quienes damos sentido o no al Libro de los Libros", según recoge el portal Katholisch.
“Desde la perspectiva de la igualdad de género, esta sección de la carta es también un texto terrorista porque, a pesar de todas las invocaciones al amor, la opresión y el estatus secundario continúa siendo sacralizando y, por lo tanto, sugiere que deben interiorizarse”, escribe la teóloga, que se pone en la piel de esas personas que han sufrido violencia física, verbal, sexual, psicológica o financiera al escuchar las palabras de san Pablo.
Surgido tras el Vaticano II, el orden de las lecturas es vinculante para toda la Iglesia según el rito romano, y consta de un ciclo de lectura de tres años para los domingos y festivos, y un ciclo de lectura de dos años para los días laborables. De los 31.187 versículos de la Biblia, unos de 12.000 se leen según el nuevo orden de lectura. De ahí que esta teóloga estime que la Iglesia aún tiene mucho dónde poder elegir lecturas más adecuadas.
En otras de las entradas de su blog, Jantzen denuncia el lenguaje “demasiado patriarcal” que se usa en la liturgia. "En la misa noto una y otra vez cuán unilateralmente masculino y patriarcal es el lenguaje en la liturgia. Se habla de Dios como Señor, como Gobernante y Todopoderoso. A muchas mujeres les resulta difícil orar con imágenes de ese lenguaje y mi tarea es permitir que las mujeres celebren los servicios de tal manera que puedan encontrar su camino hacia la oración", escribe.
Considera Jantzen que "el lenguaje litúrgico o teológico se usa con demasiada frecuencia para gobernar a otros. Porque cuando hablo de Dios como soberano, rey y todopoderoso, esto transmite claramente una imagen de Dios que sabe todo y ya no cuestiona nada". Y detrás de esas palabras e imágenes, añade, "hay ideas patriarcales de poder y omnipotencia".
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