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119 días de agresión: “El frío y el hambre matan junto con los misiles”
Ucrania se encuentra “solo al comienzo de una profunda crisis humanitaria que corre el riesgo de convertirse pronto en una catástrofe humanitaria”, es la alarma lanzada este 22 de junio desde Kiev por Sviatoslav Shevchuk, arzobispo mayor de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, en comunicación en línea en la Asamblea General de la Reunión para la Ayuda a las Iglesias Orientales (Roaco), que se celebra en Roma y hoy dedicada a la situación en el país invadido por Rusia.
“El enfrentamiento armado, que promulga la guerra total, la guerra de tierra arrasada, tiene efectos devastadores sobre la población civil y la infraestructura vital de nuestras ciudades y pueblos”, señaló Schevchuk, según informa Aica.
"En estos 119 días de guerra -continuó el arzobispo-, Ucrania perdió la mitad de su potencial económico" y "el invierno que tendremos que afrontar, desde el punto de vista de la calefacción y el abastecimiento de alimentos, será el más difícil de todos", recordando que en la historia del país, “el frío y el hambre” pueden “matar junto a los misiles, cohetes y bombas rusos”.
La gravedad de la situación viene certificada por los mismos organismos internacionales de ayuda humanitaria, que, según el arzobispo, “confiesan que están conmocionados y, a veces, incluso desalentados por el tamaño y la gravedad de la situación humanitaria en Ucrania, porque esta guerra supera con creces todo lo que han visto antes”.
Hasta el momento, Cáritas ha distribuido el 20% de la ayuda humanitaria que llega a desde el extranjero y reconoce que “es parte de la cultura ucraniana que la gente se acerque a las parroquias en lugar de a las estructuras de servicio social", explicó.
Schevchuk señaló que todos sus sacerdotes han permanecido en sus puestos y, “gracias a su presencia, hemos podido organizar centros de acogida, incluso en las zonas ocupadas, en la mayoría de los casos hemos encontrado la manera de llevarlos a lugares humanitarios, ayudar y crear corredores verdes para la evacuación de la población civil”.
Las cifras de los destrozos de esta guerra, apuntó el arzobispo, hablan de unos seis millones de ucranianos que han dejado su patria, especialmente mujeres y niños, y de unos ocho millones de desplazados internos, en un fenómeno “en sí mismo muy complejo y en constante evolución”.
Finalmente, agradeció a las organizaciones caritativas la "especial atención a Ucrania, la colaboración solidaria y tangible que han podido expresar a las Iglesias y al pueblo de Ucrania, y por la acogida de millones de refugiados tanto en los países limítrofes con el nuestro como en otros países de Europa y del mundo.
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