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"Combatirlos no es una prioridad para las Iglesias", dice el Padre Blanco Stéphane Joulain
Seis años después de la entrada en vigor del motu proprio Vos estis lux mundi, del papa Francisco, donde se desgranan las normas a aplicar por los obispos y conferencias episcopales de toda lo mundo para hacer frente a la lacra de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica, sus resultados siguen estando en entredicho. Y uno de los casos más claros es el de las Iglesias africanas, un continente que, como señala el misionero de los Padre Blancos, Stéphane Joulain, “lucha contra la guerra, la desnutrición y la pobreza endémica y sistémica”.
“Combatir la violencia sexual en la Iglesia no es una prioridad para la mayoría de los países africanos –señala este religioso en entrevista con JusticeInfo.net–. No existen datos exhaustivos sobre las víctimas de agresión sexual en la Iglesia en África; en cambio, existen investigaciones periodísticas sobre casos específicos, pero estas no son a gran escala. La falta de datos se debe a la falta de recursos, por un lado, y a la falta de voluntad para estudiar el fenómeno, por otro”.
En este sentido, el también psicoterapeuta que imparte clases en Roma y en países africanos sobre la prevención del abuso sexual asegura que “investigar a la Iglesia es mucho más difícil por diversas razones, la principal de las cuales es su peso estructural en las sociedades africanas”.
“En primer lugar, en África, la Iglesia se percibe como un importante centro de poder, incluso como una fuerza política de contrapeso en algunos países. Por ello, en muchas culturas africanas, los clérigos son figuras de autoridad comunitaria intocables. No vamos a difamar a la Iglesia, que apoya a los pobres, a los necesitados, a los hospitales, etc. Existe presión de la propia sociedad sobre las víctimas y sus familias para que no manchen el nombre de la institución, por ejemplo, porque defiende los derechos humanos”, apunta.
Es más, añade en JusticeInfo.net, “en algunos países africanos donde la Iglesia tiene una dimensión política, cualquier cobertura mediática de delitos sexuales que involucren a clérigos se considera un ataque político. El resultado: muchas personas no hablan de lo que les sucede porque no serán creídas ni escuchadas”.
Pero añade otros dos elementos a tener en cuenta. Por un lado, sostiene Joulain, está también el tabú de la homosexualidad en África. Hay que recordar que a raíz de la publicación de Fiducia Supplicans, el cardenal africano con más peso en la Iglesia africana afirmó que la homosexualidad no existía en el continente.
“En muchos países, si un hombre denuncia haber sido agredido sexualmente por un sacerdote, es un grave tabú. Se le acusaría de homosexualidad. Sin embargo, la moral sexual africana está profundamente marcada por una fuerte heterosexualidad, machismo y patriarcalismo. Abusar de un menor no encaja en esta imagen. En pocas palabras: no sucede. Y, de hecho, genera una profunda negación en sociedades enteras”, afirma el Padre Blanco.
En este sentido, cree que estos abusos a personas del mismo sexo tendrán menos incidencia en África que el que han tenido, por ejemplo, en Europa. Sin embargo, añade, “creo que el verdadero problema concierne a las niñas, menores y adolescentes, así como a las mujeres adultas y a las monjas”.
Por otro lado, está la cuestión de la familia en África, donde la estructura “no es la familia uninuclear al estilo europeo; es polimórfica, extensa por definición; la familia incluye primos, tíos, tías, etc.”, elemento que “rápidamente” conlleva “sumisión a la autoridad adulta. En otras palabras, no criticamos a nuestros mayores, incluso cuando son abusivos. Esto añade capas de negación”.
Junto a todo ello, está -añade Joulain– está el hecho de que “la teología católica ha desarrollado la idea de que la Iglesia en África es la ‘familia de Dios’. Esto significa que cuando uno es sacerdote, los demás deben someterse y no decir nada”.
En todo caso, el misionero nota que “la gente está hablando poco a poco. Hace seis meses, en Nairobi, tenía 125 formadores frente a mí. Todos los que hablaron dijeron: «Sí, aquí existe el abuso». Ya es un gran cambio dejar de negarlo. En Kenia, a los sacerdotes les resulta difícil acudir a la policía a denunciar un incidente. Les explico que la Ley de Delitos Sexuales y la Ley de Protección Infantil, dos leyes kenianas, incluyen la obligación de denunciar a las autoridades competentes. Pero tienen miedo. ¿Por qué? Porque acudir a la policía en Kenia no es necesariamente la mejor solución; se corre el riesgo de ir a la cárcel por denunciarlo”.
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