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Pagando sus deudas
Navidad es, este año, motivo de alabanza y acción de gracias para algunas de las familias católicas de la provincia paquistaní de Punjab, que finalmente fueron liberadas de la esclavitud en la que estaban atrapadas, trabajando en hornos de ladrillos.
Un sistema pernicioso somete a familias, a menudo cristianas, empobrecidas y sin educación, a la esclavitud mediante la contracción de deudas con terratenientes adinerados, propietarios de fábricas de ladrillos. Para saldar la deuda, las familias enteras, desde los ancianos hasta los niños, se ven obligadas a trabajar en la extracción de arcilla y la fabricación de ladrillos, actividad y condiciones que pueden llegar a durar toda su vida.
Gracias a la contribución de algunos donantes, el padre Emmanuel Parvez, párroco en Pansara, en la llanura pakistaní del Punjab, redime a esas personas, salda la deuda y les devuelve la libertad.
"Estas familias, muchas de ellas cristianas, se ven obligadas a producir más de 1.500 ladrillos al día para pagar los préstamos de los dueños de los hornos. Sin embargo, no se les dice cuánto deben, cuánto tiempo tienen que trabajar ni cuántos intereses se cobran por sus préstamos. Nosotros tratamos de liberarlas de esta esclavitud moderna", explicó el sacerdote.
"No se les dice cuánto deben, cuánto tiempo tienen que trabajar ni cuántos intereses se cobran por sus préstamos. Nosotros tratamos de liberarlas de esta esclavitud moderna"
"Cuando conseguimos liberarlos, estos fieles se llenan de gratitud a Dios y a la Iglesia, y pasan a participar fervientemente en la asamblea litúrgica. Las mujeres vienen todos los días a la iglesia y rezan el Rosario. En Adviento, en la comunidad de Pansara, organizamos oraciones especiales y jornadas penitenciales con el sacramento de la Reconciliación. Más de dos mil fieles han venido a disfrutar de este regalo", contó el párroco.
"Cuando conseguimos liberarlos, estos fieles se llenan de gratitud a Dios y a la Iglesia"
Durante el tiempo de preparación de la Navidad, el padre Parvez se dedica a visitar las 38 aldeas diseminadas por su parroquia, donde hay pequeñas comunidades cristianas de hasta cinco o seis familias, en pueblos de mayoría musulmana. "Celebramos la Eucaristía en casa de una de esas familias. Es un momento muy intenso, de intimidad con Dios y de fraternidad. Para ellos es un gran regalo de Navidad, es la presencia del Emmanuel, el Dios-con-nosotros", observó.
La novena de oración preparatoria de la Navidad en la parroquia de San Pablo Apóstol de Pansara es un acto diario muy concurrido. Cada día -cuenta el presbítero- se reza, se reflexiona sobre un tema y se pone en práctica: cuando el tema es el cuidado de los enfermos, los fieles visitan a los enfermos de la parroquia; el día dedicado a la proximidad de los pobres se recogen ayudas para los pobres de la parroquia, independientemente de su etnia o religión. Un día también se dedica a la fraternidad y se promueven actividades lúdicas entre jóvenes musulmanes, hindúes y cristianos por la paz. El día en que el tema es el "ágape familiar", las familias comparten la cena en la parroquia.
"Se reza, se reflexiona sobre un tema y se pone en práctica"
"Cuando hablamos de la luz -dice-, en el tejado de cada casa, los fieles colocan una luz o una estrella; el día dedicado a la discapacidad, nos reunimos y llevamos regalos y caramelos a los niños discapacitados".
"El último día -concluye el párroco-, representamos la Natividad; así, hay pastores, ángeles, los personajes de María y José, con ovejas de verdad, el burro y los bueyes, y celebramos la Eucaristía, como hizo san Francisco en Greccio. En la Eucaristía, el Señor viene cada día y se entrega a nosotros en su humildad. Es un momento profundamente sentido por toda la comunidad”.
“Las familias que han recuperado la libertad, añadió el padre Emmanuel, a las que también intentamos proporcionar una casa y un trozo de tierra que cultivar para su sustento, son de las más entregadas, hasta la conmoción interior. Estas personas, las más pobres, vulnerables, indigentes y sin instrucción, aprecian y comprenden profundamente la experiencia de Dios como liberador, como compañero de vida, como Aquél que nunca nos abandona".
"Aunque el trabajo forzado fue ilegalizado en Pakistán y abolido en 1992, la práctica continúa e, incluso, se ha extendido"
Aunque el trabajo forzado fue ilegalizado en Pakistán y abolido en 1992, la práctica continúa e, incluso, se ha extendido en los últimos años debido al empeoramiento de la crisis económica. En todo Pakistán, hay unos 20.000 hornos de ladrillos. El "Índice Global de Esclavitud" (GSI), elaborado por una ONG con sede en Australia, calcula que en Pakistán hay unos 3 millones de personas esclavizadas a causa de deudas contraídas con prestamistas.
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