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Cada vez más migrantes acuden al único templo católico de la isla para escapar sus problemas
Los refugiados que llegan a Lesbos llaman a esta isla griega "la prisión" o "Guantánamo". Porque aguantan el calor muchas veces sin suficiente agua para beber. Porque allí sufren otros problemas de salud física y mental que pueden llegar incluso a intentos de suicidio. Y porque pueden salir del campo de internamiento en el que viven para dar un paseo solo dos veces por semana. Pero hay un lugar en este "infierno" que les da esperanza. La única iglesia católica de la isla, que ha crecido de un puñado de fieles en 2016 a más de 120 hoy en día.
¿Cuál es el secreto, entonces, de la iglesia de la Asunción de María para atraer a tanta gente? No son el sacerdote francés y el subdiácono inglés que aterrizaron hace poco en la isla, aunque su presencia se agradece, ya que la vasta mayoría de los refugiados no hablan griego. Más bien, es la atención personal y la sensación de comunidad que se da en esta parroquia particular, tal y como se evidenciaban la semana pasada en el funeral por Jean-Paul, un migrante camerunés que murió hace poco en el campo de Moria, de acuerdo con lo publicado por Infomigrants.
Según el director del campo, Jean-Paul, que solo tenía 24 años, murió por problemas de salud ya existentes. Pero según sus amigos, su muerte fue provocada por las condiciones escuálidas del campo. Las mismas que sufren gente como el también camerunés 'Christian' (un nombre asumido), que cuenta que "me llevó mucho tiempo llegar a Lesbos. En todo el viaje, me decía a mí mismo: 'Evita el infierno que encontrarás en Libia'. Pero me encontré con el infierno en Europa".
Y es que, para Christian, el infierno de Lesbos ha sido exacerbado por los tres meses que pasó nada más llegar en la sección de alta seguridad del campo de Moria. Está en esta sección donde acaban los recién llegados de países que se considera no están en conflicto, mientras que la zona principal del campo está reservada para refugiados de países como Siria, Afganistán o Iraq. Pero no es que esté mejor esta otra zona, como cuenta 'Jean', congoleño de solo 17 años, quien lamenta que su salud haya deteriorado en este tiempo que haya pasado viviendo en la sección reservada en Moria para menores no acompañados.
"A menudo tengo pensamientos oscuros", admite este joven. "Es difícil hablar de ello. No lo hablamos entre nosotros. Pero muchos jóvenes han intentado suicidarse. No aguantan la vida aquí".
Y es por eso que, en medio de tanta oscuridad, la iglesia de la Asunción de María tiene un futuro brillante. Los migrantes africanos tienen al menos un año en Lesbos hasta que se procesen sus solicitudes de asilo, y durante este tiempo no pueden trabajar. Pero al menos una hora o dos a la semana, en misa, pueden olvidarse de la miseria en la que viven y vislumbrar el futuro que tanto anhelan.
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