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"Es necesario dar este paso y, una vez más, confiar en Dios y en su providencia"
(Vatican News).- El significado del Jubileo no puede limitarse «a una conversión especial del corazón, a un camino exclusivamente espiritual e interior». Debe convertirse también en «una ocasión para promover y pedir justicia, equidad y, sobre todo, solidaridad». Partiendo de esta consideración, el Patriarcado Latino de Jerusalén ha decidido condonar todas las deudas contraídas por las familias con sus escuelas durante los años anteriores al Jubileo, es decir, hasta el año escolar 2024-2025, excluido.
La decisión, comunicada en una carta firmada por el cardenal patriarca Pierbattista Pizzaballa y fechada el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, se tomó junto con los vicarios patriarcales y tras escuchar la opinión de los directores de las escuelas. Una decisión «no fácil de tomar, por los costes que conlleva», admite Pizzaballa, pero «creemos que, en cualquier caso, es necesario dar este paso y, una vez más, confiar en Dios y en su providencia», con la esperanza de que «esta decisión facilite la vida de nuestras numerosas familias en dificultades y les ayude a recuperar la confianza y la esperanza».
En la carta, el patriarca recuerda que antiguamente, en el Jubileo bíblico, entre los muchos gestos que se exigían estaba la remisión de las deudas, y que también en el Nuevo Testamento se encuentra este espíritu: «Lo vemos en la parábola del Evangelio del siervo que pide perdón pero no sabe perdonar (Mateo, 18, 23-35). El retorno a Dios, de hecho, el perdón de los pecados y la restauración de la relación con Dios, nunca puede separarse de la restauración de las relaciones humanas».
El Jubileo, por tanto, como tiempo de conversión, penitencia, misericordia, perdón, especialmente en un período histórico dramático en el que «la guerra, la violencia, las muchas injusticias con las que tenemos que lidiar cada día pueden contaminar fácilmente nuestro corazón, herir nuestras relaciones, convertirse inconscientemente en nuestro lenguaje habitual, en nuestra forma de pensar y actuar, que luego trasladamos a nuestras familias, a nuestras instituciones, a nuestra forma de estar en el mundo».
A pesar de las dificultades de la guerra, escribe el cardenal, el Jubileo puede convertirse en un año de gracia, en el que es posible volver a Dios con alegría. Y tal vez «precisamente la dramática situación en la que vivimos, con sus graves consecuencias en la vida de todas nuestras familias e instituciones, nos permite mejor que a otros no perdernos en consideraciones mezquinas y cortoplacistas, sino ir a lo esencial de la vida en nuestra relación con Dios y en la vida del mundo».
Este camino de conversión, que «encuentra su plenitud en la comunión de los santos», no debe ser solo personal, sino que debe involucrar a toda la comunidad: «Es toda nuestra comunidad la que debe reencontrarse en el encuentro con Cristo, redescubrirse como Iglesia. Una Iglesia que se decide por Cristo, reencuentra a sus hermanos y hermanas, se renueva y se revitaliza». También por eso, el Patriarcado Latino de Jerusalén, para dar expresión concreta «al deseo de cambio, de renovación, de retorno a Dios y a los hermanos», ha pensado en un gesto de solidaridad que marque de manera tangible, en la vida de la diócesis, el Año Santo 2025.
Sin embargo, la remisión de las deudas —como se precisa al final de la carta— no exime a nadie de sus responsabilidades, sino que «implica por parte de todos la decisión de comprometerse a cambiar de vida y asumir sus compromisos», incluidos los de las familias con las escuelas: «Es un tiempo especial que, precisamente por serlo, sigue siendo un momento único, que nos involucra como Iglesia y que debe comprometer a todos a tomarse en serio sus responsabilidades».
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