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La gente solo pide “una vida digna en libertad, una patria estable, segura, fuerte e independiente"
(AICA).- “Es muy triste que las fiestas de este año lleguen en circunstancias tan dolorosas, lamenta el patriarca caldeo, cardenal Louis Raphael Sako en su mensaje de Navidad, publicado ayer, en que subraya que se vive en un clima de “tristeza” y que “estamos en busca de esperanza y consolación” frente a la escalada de violencias.
Las heridas del Estado islámico no se curaron aún” y una nueva ola de violencia, relacionada con la represión de las protestas anti gobierno, derramó nueva sangre en el país.
“Es una lástima -observó el patriarca Sako- que los iraquíes no sean capaces de encontrar un modo eficaz para llevar al país sobre el sendero recto, eliminar el confesionalismo, la corrupción, el enriquecimiento ilegal, la expropiación injustificada de bienes públicos y privados. El todo, a despecho de los numerosos pedidos que llegan desde adentro y de afuera del país”.
El primado caldeo recuerda el drama, ya a las espaldas al menos en el plano militar, del Estado islámico que por años mantuvo bajo control a gran parte de la nación. Hoy surgen en cambio “las violencias, la pobreza, la desocupación, la escasa calidad de los servicios -prosigue- que llevó a miles de personas, sobre todo a los jóvenes a manifestar en las plazas en modo pacífico”. Ellos piden sólo “poder vivir una vida de dignidad y libertad, en una patria estable, segura, fuerte e independiente”.
“Desde 2003-destacó el prelado- este sueño jamás fue realizado y nuestros corazones están llenos de ansiedad por el gran número de muertos y los miles de heridos”.
El mensaje de Navidad llega en un contexto crítico para Irak, desde el 1° de octubre teatro de un vasto movimiento de protesta contra el gobierno y las autoridades. Las manifestaciones, reprimidas con la fuerza por la policía, han llevado a la dimisión del premier Adel Abdul Mahdi, pero los manifestantes -sin distinciones étnicas, confesionales o religiosas- miran a la caída de toda la clase política.
La situación se empeoró a fines de noviembre, después del doble asalto al consulado iraní en Najaf y causó más de 450 muertos y 20 mil heridos. Para honrar la memoria de las víctimas y contribuir a la atención de los heridos (en su mayoría musulmanes), el purpurado decidió cancelar las celebraciones y los festejos de Navidad, devolviendo el dinero ahorrado a los hospitales o invirtiéndolo en la compra de medicamentos.
En este contexto, el patriarca exhortó a obispos y sacerdotes a “demostrar cercanía” y estar al servicio de “cristianos y musulmanes” acompañándolos “espiritual y humanitariamente” manteniendo siempre “el ejemplo de Jesucristo”, concluyó.
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